La banca de reserva fraccionaria es el modelo estándar utilizado en la mayoría de los sistemas bancarios del mundo. Básicamente es que los bancos comerciales no están obligados a mantener la totalidad de los fondos depositados por los clientes en reserva.
El sistema de banca fraccionaria opera bajo la premisa de que no todos los depositantes retirarán sus fondos simultáneamente; esto permite a los bancos prestar una parte significativa de los depósitos recibidos.
Cuando un cliente deposita dinero, el banco solo reserva un pequeño porcentaje (determinado por el coeficiente de caja) y presta el resto. Así se crea «dinero nuevo» en la economía.
Por ejemplo, si alguien deposita 1.000 €, con un coeficiente de caja del 10%, el banco mantiene 100 € en reserva y puede prestar los 900 € restantes. Este mecanismo multiplica el dinero disponible en el sistema económico, ya que tanto el depositante original como el receptor del préstamo pueden utilizar fondos simultáneamente.
Sin embargo, este sistema también implica riesgos, especialmente cuando se produce una corrida bancaria o shock de liquidez (muchos clientes intentando retirar sus fondos a la vez), situación que puede generar problemas de solvencia y crisis financieras.