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Baja Edad Media

Periodo histórico comprendido entre los siglos XI y XV, caracterizado por el resurgimiento de las ciudades, la expansión del comercio y la crisis del sistema feudal.

La Baja Edad Media fue el último periodo del medievo, comprendido habitualmente entre los siglos XI y XV. Durante esta etapa, la civilización europea occidental experimentó una profunda transformación que marcó el tránsito desde el feudalismo agrario hacia el capitalismo comercial de la Edad Moderna.

A partir del siglo XI, el cese de las invasiones y la mejora en las técnicas agrícolas permitieron un crecimiento demográfico que impulsó el renacimiento de la vida urbana. Al generarse excedentes en el campo, surgió una nueva clase social, la burguesía, dedicada exclusivamente a la artesanía y al intercambio de bienes en los mercados locales y ferias internacionales.

Se establecieron rutas comerciales de larga distancia que conectaban el Mediterráneo con el mar del Norte, favoreciendo el auge de ciudades-estado y puertos estratégicos. De esta manera, el trueque fue desplazado paulatinamente por el uso generalizado de la moneda como instrumento de cambio.

En este contexto de expansión, la necesidad de financiar el comercio internacional propició la creación de las primeras instituciones bancarias y el desarrollo de la contabilidad por partida doble.

El uso de letras de cambio permitió realizar transacciones seguras sin necesidad de transportar grandes cantidades de metales preciosos, lo que dinamizó el flujo de capitales en todo el continente. Por tanto, el sistema económico comenzó a sentar las bases de un capitalismo comercial primario. Sin embargo, esta prosperidad se vio interrumpida en el siglo XIV por la crisis provocada por las malas cosechas, las hambrunas y, de forma determinante, el impacto de la Peste negra.

Transformaciones tras la crisis bajomedieval

Como consecuencia de la gran mortalidad causada por la pandemia, la estructura laboral sufrió una transformación radical que alteró las relaciones de poder en el campo.

Debido a la falta de mano de obra, los campesinos supervivientes pudieron exigir mejores condiciones y salarios, lo que aceleró la disolución de los antiguos vínculos de servidumbre feudal.

A modo de conclusión, la Baja Edad Media resultó ser una época de profundos contrastes que, a pesar de las catástrofes, facilitó el ascenso de los Estados nacionales y la consolidación de una clase mercantil pujante.

Gracias a este proceso de profesionalización y diversificación económica, se preparó el terreno para los grandes descubrimientos y la expansión global característica de la Modernidad.

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