Econochanta
Término despectivo, popularizado por Javier Milei, que combina «economista» y «chanta» para denunciar a falsos expertos que, según él, engañan a la opinión pública con sus diagnósticos.
En Argentina, econochanta se usa para describir a un supuesto economista que se presenta como gran experto, pero que en realidad carece de rigor y solidez técnica. Habla con seguridad, maneja jerga económica y aparece en medios o consultoras, aunque su análisis suele ser superficial, sesgado o directamente engañoso.
La idea central es la del falso experto que vende una imagen de autoridad que no se corresponde con su verdadero nivel de conocimiento.
Para entenderlo mejor, conviene recordar qué significa chanta en el español rioplatense. Chanta es un lunfardismo que alude a una persona poco confiable, fanfarrona e irresponsable, que no cumple su palabra y aparenta ser más de lo que es; originalmente también se asociaba a quien no paga sus deudas.
Al combinar economista con chanta, econochanta señala precisamente a ese economista impostor, el que vende humo y no resulta digno de confianza.
A partir de ahí, el econochanta es visto como alguien que acomoda datos, elige estadísticas a medida e ignora la evidencia que contradice su relato, ya sea por intereses políticos, ideológicos o comerciales.
No se lo acusa solo de equivocarse, sino de manipular el discurso económico para influir en la opinión pública y en las decisiones de política económica. La economía, en sus manos, se vuelve más un producto de marketing que un análisis serio.
Cómo usa Javier Milei el término econochanta
Javier Milei utiliza econochanta como un insulto político-técnico contra economistas que critican su programa y que él considera farsantes. Según su relato, estos economistas no describen la realidad tal como es, sino que la distorsionan para defender los intereses de la “casta” política y de ciertos grupos empresariales. Así, el término refuerza su narrativa de enfrentamiento con una élite que habría engañado durante años a la sociedad argentina.
Para Milei, dentro de los econochantas entrarían consultores de la city, académicos y analistas mediáticos que se habrían beneficiado de sistemas de controles, regulaciones y privilegios.
Cuando estos actores cuestionan medidas como la apertura del cepo o reformas profundas del Estado, él los acusa de proteger privilegios antes que el bienestar general. De este modo, convierte la crítica económica en una prueba más, según su discurso, de que esos expertos estarían atados al viejo modelo.
En este uso, el econochanta no es solo un mal profesional, sino un operador discursivo: alguien que maneja cifras, cita modelos y teorías, pero cuyo propósito real sería frenar los cambios y deslegitimar las políticas del gobierno tildándolas de inviables o peligrosas.
El término encaja en la estrategia comunicativa de Milei, que simplifica el conflicto, construye un enemigo reconocible y plantea la disputa económica como una batalla entre “verdad” y “charlatanes”.