La hacienda pública se entiende, en primer lugar, como la disciplina económica que estudia la actividad financiera de las administraciones públicas, es decir, cómo se obtienen los recursos mediante impuestos, tasas, precios públicos, endeudamiento u otras fuentes y cómo se emplean a través del gasto público.
A través del presupuesto, esta rama analiza la relación entre ingresos y gastos, los posibles déficits y las estrategias para financiarlos de manera sostenible.
Al mismo tiempo, el término hacienda pública se usa también en sentido institucional para designar al conjunto de organismos encargados de gestionar la política fiscal de un país: recaudación de tributos, control del fraude, elaboración de los presupuestos y supervisión de la ejecución del gasto. Desde esta perspectiva, incluye ministerios de Hacienda, agencias tributarias y otras entidades financieras públicas que administran las finanzas del Estado en sus distintos niveles (central, regional y local).
Desde el punto de vista de sus objetivos, la hacienda pública persigue varias funciones básicas: asignar recursos para corregir fallos de mercado y proveer bienes públicos, redistribuir la renta mediante impuestos y transferencias, y estabilizar la economía frente a crisis, inflación o desempleo. Por ello, estudia el impacto de los impuestos sobre el comportamiento de empresas y ciudadanos, el efecto del gasto público sobre el crecimiento y el empleo, y las consecuencias del endeudamiento sobre la estabilidad macroeconómica.