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Ley de hierro
de los salarios

Teoría económica clásica que sostiene que, a largo plazo, los salarios reales tienden de forma «natural» a un nivel mínimo de subsistencia para los trabajadores y sus familias.

La ley de hierro de los salarios, también llamada ley de bronce, sostiene que los salarios reales tienden en el largo plazo al salario de subsistencia, el mínimo necesario para sobrevivir y reproducirse. Cualquier mejora salarial estable se eliminaría porque el aumento de población volvería a presionar los salarios a la baja.​

Origen de la ley

La ley de hierro de los salarios se formuló a finales del siglo XVIII y comienzos del XIX, a partir de las ideas de autores como David Ricardo y Thomas Malthus. Afirma que, en una economía competitiva, el salario de equilibrio tiende a igualarse al salario de subsistencia.​

Si los salarios suben por encima de ese nivel, las familias pueden sostener más hijos y la población trabajadora aumenta. Entonces, la mayor competencia por el empleo haría caer los salarios de nuevo hasta el mínimo vital.​

Este razonamiento combina la teoría de la población de Malthus, según la cual la población crece cuando mejoran las condiciones de vida, con la lógica de oferta y demanda en el mercado laboral. Con salarios altos, la oferta de trabajo crece más rápido que la demanda y aparece «exceso» de mano de obra.​

Cuando los salarios son muy bajos, parte de la población no puede mantenerse y termina reduciéndose. A la larga, la menor oferta de trabajo acabaría elevando de nuevo los salarios hasta el nivel de subsistencia.​

Lassalle y críticas posteriores

El socialista alemán Ferdinand Lassalle popularizó esta idea y acuñó el término «ley de hierro» para remarcar su carácter supuestamente inexorable. Según su interpretación, la competencia entre trabajadores por empleos escasos impediría mantener salarios medios por encima del mínimo vital salvo durante breves periodos.​

De este diagnóstico se derivaba una visión muy pesimista sobre la capacidad del capitalismo para mejorar de forma duradera las condiciones de la clase obrera. La ley implicaba que cualquier progreso salarial sería, en última instancia, absorbido por el crecimiento de la población.​

Sin embargo, la ley de hierro ha sido ampliamente criticada y se considera en gran medida falsa, tanto teórica como empíricamente. La historia muestra que en muchas economías los salarios reales han aumentado de forma sostenida gracias a la productividad, el capital, la negociación colectiva y las políticas sociales.​

Teorías posteriores, como la de los salarios de eficiencia o los modelos modernos de oferta y demanda de trabajo, explican por qué las empresas pueden pagar por encima del nivel de subsistencia. Así buscan atraer, motivar y retener mano de obra cualificada, incluso en mercados competitivos.

En la actualidad, la ley de hierro se estudia sobre todo como un hito histórico del pensamiento económico y como ejemplo de las limitaciones de ciertos enfoques deterministas. El debate moderno sobre salarios se centra más en productividad, distribución de la renta, poder de negociación e instituciones laborales que en una fuerza automática que arrastre siempre los salarios a la subsistencia.

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