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Ley de la ventaja comparativa

La ley de la ventaja comparativa explica por qué dos países, empresas o individuos pueden beneficiarse del comercio incluso cuando uno de ellos es más eficiente en todo.

Formulada por David Ricardo, la ley de la ventaja comparativa sostiene que un país gana cuando se especializa en los bienes que puede producir con un coste de oportunidad más bajo que sus socios comerciales e importa el resto. No importa quién sea mejor en términos absolutos, sino en qué actividad sacrifica menos recursos al producir una unidad adicional.

Recursos escasos con usos alternativos

La ley de la ventaja comparativa parte de que recursos como trabajo, capital, tierra o conocimiento son escasos y tienen usos alternativos. El coste de oportunidad mide qué se sacrifica al elegir una opción frente a otra.

Según Ricardo, un país tiene ventaja comparativa en aquel bien cuyo coste de oportunidad es menor que en otros países, incluso si es menos productivo en todo en términos absolutos. La clave del comercio beneficioso son los costes relativos, no los costes totales.

Especialización y comercio internacional

La especialización según la ventaja comparativa permite que cada país concentre recursos en actividades donde es relativamente más eficiente. A la vez, renuncia a producir los bienes que le resultan comparativamente más costosos.

Después, el comercio internacional hace posible una cesta de consumo mayor que la que obtendría cada país en autarquía. Por eso, tanto economías avanzadas como países en desarrollo pueden beneficiarse del intercambio, pese a sus diferencias de productividad.

La ley de la ventaja comparativa ofrece un argumento fuerte a favor del libre comercio. Incluso si un país tiene ventaja absoluta en todos los bienes, puede mejorar su bienestar especializándose donde su superioridad relativa es mayor y dejando el resto a otros países.

Del mismo modo, un país sin ventaja absoluta en nada puede integrarse en la economía mundial produciendo aquello que hace «menos mal» que los demás. El comercio se presenta así como un juego de suma positiva en el que todos pueden ganar.

En la práctica, este principio se ve matizado por costes de transporte, barreras comerciales, economías de escala o consideraciones estratégicas. Aun así, la ventaja comparativa sigue siendo una pieza central de la teoría del comercio internacional y un punto de partida para evaluar aranceles y acuerdos comerciales.

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