El modelo de Solow también plantea la idea de convergencia. Las economías con poco capital por trabajador tienden a crecer más rápido que las economías ricas, siempre que tengan tasas similares de ahorro, crecimiento demográfico y tecnología.
Bajo estas condiciones, los países pobres pueden acercarse gradualmente al nivel de renta de los países desarrollados. Sin embargo, diferencias en instituciones, políticas y capital humano pueden frenar o impedir esa convergencia.