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Fallo de mercado

(falla de mercado)

Situación en la que el mercado no consigue asignar los recursos de forma eficiente, de modo que el resultado es subóptimo para el bienestar social.

Se habla de fallo de mercado cuando el funcionamiento espontáneo de la oferta y la demanda no conduce a una asignación eficiente de los recursos disponibles. En estas circunstancias, los precios y las cantidades que se observan no coinciden con el nivel que maximizaría el bienestar social. Por tanto, el resultado es subóptimo: se producen o consumen bienes en exceso o en defecto respecto a lo deseable desde el punto de vista colectivo.

Causas principales de los fallos de mercado

Entre las causas más habituales de fallos de mercado destacan las externalidades, los bienes públicos, el poder de mercado y la información asimétrica. Las externalidades aparecen cuando la actividad de un agente genera costes o beneficios para terceros que no se reflejan en los precios, como la contaminación o ciertos efectos positivos de la educación. A su vez, los bienes públicos —no excluibles y no rivales, como el alumbrado de calles o la defensa nacional— tienden a infraofertarse porque las empresas no pueden cobrar de forma eficaz a todos los beneficiarios.

Por otro lado, el poder de mercado, presente en estructuras como el monopolio o el oligopolio, permite a algunas empresas fijar precios por encima del coste marginal, reduciendo la cantidad producida y el bienestar de los consumidores. Finalmente, la información asimétrica, cuando una de las partes conoce datos relevantes que la otra desconoce, puede distorsionar los precios, excluir a buenos productos del mercado o fomentar comportamientos oportunistas.

Fallo de mercado, binestar y papel del Estado

Los fallos de mercado tienen una implicación directa sobre el bienestar social porque generan ineficiencias que podrían evitarse con una mejor asignación de recursos. Por esa razón, se utilizan para justificar, al menos en teoría, diferentes formas de intervención pública orientadas a corregir o atenuar dichas ineficiencias. Entre estas medidas se incluyen impuestos y subvenciones, regulación, provisión directa de ciertos bienes o creación de mercados de derechos de emisión, según el tipo de problema que se pretenda abordar.

No obstante, la existencia de fallos de mercado no implica automáticamente que cualquier intervención sea deseable o eficaz. También pueden producirse fallos del Estado, cuando las políticas públicas generan distorsiones nuevas o incluso peores que las que intentaban corregir. Por ello, el análisis económico compara los costes y beneficios de intervenir frente a dejar que el mercado funcione con sus imperfecciones.

Importancia del concepto de fallo de mercado

El concepto de fallo de mercado es fundamental para entender la frontera entre el ámbito de actuación de los mercados y el del sector público. Sirve como criterio de referencia para identificar situaciones en las que el resultado competitivo se aleja claramente de la eficiencia o de ciertos objetivos de equidad. Además, proporciona un marco analítico para diseñar políticas específicas que intenten acercar la asignación real de recursos a un resultado más eficiente y socialmente aceptable.

En la práctica, muchos debates de política económica —sobre regulación ambiental, servicios sanitarios, educación, infraestructuras o competencia— giran en torno a la identificación de fallos de mercado y a la valoración de cómo y hasta qué punto deberían ser corregidos. De este modo, el estudio de los fallos de mercado ocupa un lugar central en la teoría económica aplicada y en la discusión sobre el papel adecuado del Estado en la economía.

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