Un mercado está en equilibrio cuando, a un determinado precio, la cantidad demandada es igual a la cantidad ofrecida. En ese punto no hay escasez ni excedente del bien (se puede comprar y vender todo lo que se desea a ese precio).
Un mercado en equilibrio describe un estado de ajuste entre compradores y vendedores en el que los planes de demanda y oferta encajan a un precio concreto. Así, el mercado «vacía» la cantidad disponible: lo que se quiere comprar coincide con lo que se quiere vender, al menos bajo las condiciones vigentes.
Por lo general, si el precio es demasiado alto, aparece un exceso de oferta y, por tanto, tiende a surgir presión para reducirlo; en cambio, si el precio es demasiado bajo, aparece un exceso de demanda y se generan incentivos para elevarlo. De este modo, el equilibrio se interpreta como el punto al que tienden los ajustes cuando cambian precios, cantidades o expectativas.
Además, el equilibrio no implica perfección ni ausencia de problemas: solo indica consistencia entre oferta y demanda en un momento dado. Por eso, puede coexistir con barreras de entrada, información imperfecta o poder de mercado, aunque la interpretación del equilibrio varíe según el modelo que se utilice.
El equilibrio puede desplazarse cuando cambian los ingresos, los gustos, la tecnología, los costes o la regulación. En consecuencia, lo habitual es hablar de equilibrio como una referencia analítica para comparar escenarios, no como un estado fijo y permanente.
En economía, el equilibrio de mercado se estudia con herramientas de análisis microeconómico aplicadas a empresas, mercados e industrias, lo que ayuda a explicar cómo se coordinan decisiones y resultados a partir de incentivos y restricciones.