En la práctica, un trust puede operar mediante acuerdos, integraciones o estructuras comunes de decisión que alinean la conducta de distintas compañías. Por ello, aunque las empresas sigan existiendo formalmente, su actuación puede comportarse como si fuese un solo agente dominante dentro del sector.
Además, este tipo de concentración suele analizarse por su efecto sobre la competencia, ya que puede limitar la entrada de nuevos rivales y reducir alternativas para los consumidores. Sin embargo, el impacto concreto depende del mercado, del marco legal y del grado real de coordinación entre las partes.