Efecto multiplicador
Aumento total de la producción o la renta que resulta de un incremento inicial del gasto (por ejemplo, inversión o gasto público). Ese primer impulso genera ingresos adicionales que se gastan parcialmente, creando rondas sucesivas de demanda.
El efecto multiplicador describe cómo un incremento inicial del gasto puede traducirse en un aumento mayor del ingreso agregado. Esto ocurre porque el gasto de una persona se convierte en ingreso de otra, y una parte de ese nuevo ingreso vuelve a gastarse, impulsando otra vez la demanda.
Cómo se produce el «efecto en cadena»
Primero se inyecta un gasto autónomo (por ejemplo, una inversión). A continuación, quienes reciben ese ingreso extra consumen una parte y ahorran otra, de modo que el consumo inducido genera nuevos ingresos para otras personas. Con el tiempo, las rondas se van haciendo más pequeñas, pero la suma de todas puede superar el impulso inicial.
De qué depende su tamaño
El tamaño del multiplicador depende, sobre todo, de cuánto se destina a consumir de cada euro adicional de renta (propensión marginal a consumir) y de las «fugas» del circuito (ahorro, impuestos e importaciones). Por eso, si el consumo reacciona poco o hay muchas fugas, el efecto final será más limitado; en cambio, si el gasto inducido es elevado, el impacto agregado tiende a ser mayor.
Crítica y límites del multiplicador
Una crítica habitual es que el multiplicador no es un «número fijo» aplicable a cualquier economía y en cualquier momento: puede variar según el ciclo, el sistema financiero y la respuesta de precios.
Además, parte del gasto adicional puede filtrarse hacia el ahorro o las importaciones, reduciendo el efecto sobre la producción interna. Por último, si el aumento de gasto se financia con más deuda o impuestos, pueden aparecer efectos compensatorios en el sector privado (por ejemplo, menor consumo o inversión), lo que limita el impacto neto.