La preferencia por la liquidez describe el deseo de conservar recursos en forma líquida, es decir, en dinero o equivalentes muy líquidos. Dicho de otro modo, valora la capacidad de disponer del poder adquisitivo de inmediato, incluso si eso implica renunciar a una rentabilidad potencial mayor.
Además, esta preferencia no es constante: cambia con la incertidumbre, el ciclo económico y la confianza. Por eso, cuando aumenta la percepción de riesgo, suele crecer la demanda de liquidez.