Década perdida
de los 80
Periodo de estancamiento económico y retroceso social que sufrió América Latina debido a la crisis de la deuda externa. Se caracterizó por caídas drásticas en el crecimiento del PIB, procesos de hiperinflación y un deterioro severo de los niveles de vida de la población.
Acuñado originalmente por la CEPAL, este término describe el colapso financiero que comenzó en 1982 cuando México anunció su incapacidad para cumplir con sus obligaciones de pago internacionales.
Previamente, muchos países de la región se habían endeudado aprovechando el crédito barato global para financiar su industrialización; sin embargo, el súbito aumento de las tasas de interés en Estados Unidos y la caída de los precios de las materias primas transformaron esa deuda en una carga impagable.
Como resultado inmediato, se cortó la financiación externa, lo que obligó a las economías latinoamericanas a generar excedentes comerciales a cualquier coste para pagar intereses. Esto implicó reducir drásticamente las importaciones y la inversión pública, provocando una recesión profunda que revirtió los avances de desarrollo logrados en las décadas anteriores.
Hiperinflación y ajuste estructural
Por añadidura, los desequilibrios fiscales internos, financiados a menudo con emisión monetaria descontrolada, desencadenaron espirales de hiperinflación en países como Argentina, Brasil y Perú.
El dinero perdió sus funciones básicas y el poder adquisitivo de los salarios se desplomó, aumentando los índices de pobreza y desigualdad de forma alarmante en toda la región.
Ante esta situación, y bajo la presión de organismos internacionales como el FMI, se implementaron severos planes de ajuste estructural. Estas medidas buscaban sanear las cuentas públicas mediante recortes del gasto social, privatizaciones de empresas estatales y la apertura comercial, marcando el fin del modelo de Industrialización por Sustitución de Importaciones (ISI).
Legado y recuperación tardía
Finalmente, aunque a finales de la década se introdujeron mecanismos de reestructuración como el Plan Brady, la recuperación fue lenta y dolorosa. El ingreso per cápita de muchos países no volvió a los niveles previos a la crisis hasta bien entrados los años 90, dejando una herencia de vulnerabilidad económica y deuda social pendiente.