Método de organización del trabajo que busca aumentar la productividad mediante la máxima división de funciones, la especialización del trabajador y un control estricto del tiempo necesario para cada tarea.
El taylorismo, también conocido como organización científica del trabajo, surge a finales del siglo XIX y comienzos del XX a partir de las propuestas del estadounidense Frederick W. Taylor, con la idea de estudiar el trabajo de manera sistemática para hacerlo más eficiente. En este enfoque, el objetivo central es producir más en el mismo tiempo, reduciendo la variabilidad en la forma de ejecutar cada operación.
En la práctica, el taylorismo descompone los procesos de producción en tareas simples y repetibles, asigna a cada persona una función específica y promueve la especialización. Además, incorpora el cronometraje y la estandarización de tiempos y métodos, de modo que la planificación y el control ganan peso en la organización del trabajo.
Como resultado, el trabajo se vuelve más previsible y medible, lo que facilita elevar el rendimiento y comparar resultados entre operarios, turnos o líneas de producción. Sin embargo, este modelo también se ha asociado con la simplificación extrema de tareas y la posible pérdida de autonomía del trabajador, porque prioriza el control del proceso sobre la improvisación o la decisión individual.
Aunque el contexto productivo ha cambiado, muchas ideas del taylorismo siguen presentes en la gestión moderna: análisis de procesos, búsqueda de estándares, medición del desempeño y mejora continua orientada a la productividad. Por eso, el término se usa tanto para describir un modelo histórico de organización industrial como para señalar prácticas actuales de control y división del trabajo.