Este principio afecta todas las decisiones económicas, tanto simples como complejas. Por ejemplo, el coste de oportunidad de gastar dinero en vacaciones no es solo el gasto, sino también lo que podrías haber hecho con ese dinero, como invertirlo, comprar un coche o realizar mejoras en tu casa; entre todas esas posibilidades, la mejor constituye el verdadero coste de oportunidad.
También el tiempo se ve afectado, ya que cuando un estudiante dedica horas a preparar un examen, su coste de oportunidad es todo aquello a lo que renuncia para poder estudiar: trabajar, descansar o disfrutar del ocio.