Solo en ese día, el mercado perdió 14.000 millones de dólares, y en el transcurso de una semana, las pérdidas ascendieron a 30.000 millones. Para poner esta cifra en perspectiva, equivalía a diez veces el presupuesto anual del Gobierno federal de Estados Unidos en 1929.
Las consecuencias del crac fueron catastróficas. La quiebra de los inversores arrastró al sistema bancario, y la crisis se extendió rápidamente por todo el mundo, dando inicio a la Gran Depresión. La recuperación económica fue un proceso extremadamente lento y doloroso.
Para 1932, el mercado había perdido cerca del 89% de su valor desde su máximo. El índice Dow Jones no volvió a alcanzar los niveles previos al crac hasta noviembre de 1954, casi veinticinco años después del colapso inicial.