Libertarismo
Filosofía política y económica que considera la libertad individual como el principio moral supremo y aboga por una reducción radical del poder y las funciones del Estado, limitándolo a la protección contra la fuerza, el robo y el fraude.
El libertarismo es una filosofía política que lleva al extremo los principios del liberalismo clásico y coloca la libertad individual como valor central.
Según esta corriente, el principal riesgo para los derechos de las personas es el poder concentrado en el Estado, especialmente cuando se impone mediante leyes, impuestos y regulaciones que no son voluntarias. De ahí que su ideal sea una sociedad basada en acuerdos libres, responsabilidad individual y mínima intervención estatal.
Principio de autopropiedad y no agresión
En la base del libertarismo se encuentra el principio de autopropiedad: cada individuo es dueño de su vida, de su cuerpo, de su tiempo y de los frutos de su trabajo, es decir, de su propiedad. Desde este punto de partida, se formula el principio de no agresión, que prohíbe iniciar el uso de la fuerza o la coacción contra otros.
Una acción se considera legítima siempre que sea voluntaria y no vulnere los derechos de terceros, ya sea mediante violencia física, fraude o amenazas.
Crítica al Estado y defensa del mercado libre
A partir de estos principios, el libertarismo cuestiona buena parte de las funciones del Estado moderno. Entiende que los impuestos constituyen una forma de expropiación forzosa, utilizada para sostener un aparato burocrático y financiar políticas que muchas personas no elegirían de manera voluntaria.
En coherencia con ello, los libertarios apoyan la eliminación o privatización de servicios como la educación, la sanidad o las pensiones, que deberían ser ofrecidos por el mercado, la iniciativa privada o la cooperación voluntaria. Del mismo modo, rechazan regulaciones como el salario mínimo, los controles de precios o las restricciones a la libertad de contrato, y abogan por un mercado lo más abierto posible.
Minarquismo y Estado mínimo
Dentro del libertarismo se distinguen varias corrientes. El minarquismo, asociado a autores como Robert Nozick, defiende la existencia de un Estado mínimo o «vigilante nocturno».
Este Estado tendría funciones estrictamente limitadas: policía, tribunales y defensa, con la misión de proteger a los individuos frente a la fuerza, el fraude y el robo, tanto en el interior del país como frente a amenazas externas.
Cualquier expansión más allá de estas tareas se considera una violación injustificada de los derechos individuales y una deriva hacia el intervencionismo.
Anarcocapitalismo y abolición del Estado
En una posición más radical aparece el anarcocapitalismo. Sus defensores sostienen que incluso el Estado mínimo es innecesario y que todas las funciones públicas pueden ser asumidas por empresas privadas y acuerdos contractuales.
Bajo este modelo, la seguridad, la justicia y otros servicios hoy estatales serían ofrecidos por agencias en competencia, dentro de un marco completamente voluntario. El objetivo declarado es sustituir el monopolio estatal de la fuerza por un orden basado en la libre empresa, la propiedad privada y el principio de no agresión.