En primer lugar, la fuerza de trabajo también es una mercancía que el obrero vende en el mercado. Su valor, es decir, el salario, equivale al coste de los bienes que necesita el trabajador para subsistir. Sin embargo, esta mercancía tiene una cualidad única y especialmente relevante para Marx.
De hecho, la fuerza de trabajo puede crear más valor del que ella misma cuesta. Por ejemplo, un trabajador puede generar el valor de su salario en cuatro horas, pero el capitalista lo contrata para una jornada de ocho horas. Durante las cuatro horas restantes, conocidas como plustrabajo, el obrero sigue produciendo valor. No obstante, no recibe ninguna remuneración por este tiempo adicional. Este valor extra es la plusvalía, que el capitalista apropia íntegramente como ganancia.
Por ello, para Marx, esta extracción de plusvalía constituye la esencia de la explotación capitalista, incluso aunque el contrato laboral parezca un acuerdo libre entre iguales. La ganancia del capitalista proviene, en última instancia, de este trabajo no remunerado.