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Política fiscal expansiva

Conjunto de medidas de política fiscal que buscan aumentar la demanda agregada para estimular la economía durante una recesión. Consisten principalmente en un aumento del gasto público, una reducción de los impuestos, o una combinación de ambas.

La política fiscal expansiva es una herramienta macroeconómica utilizada para combatir el desempleo y reactivar el crecimiento durante una recesión. Su objetivo es incrementar la demanda agregada, es decir, el gasto total de la economía, para incentivar la producción y la contratación.

El primer instrumento de esta política es el aumento del gasto público (G). El gobierno puede invertir directamente en proyectos de infraestructuras, como carreteras y hospitales, o aumentar las compras de bienes y servicios para dinamizar la economía.

Este aumento del gasto tiene un impacto directo y, según la teoría keynesiana, genera un «efecto multiplicador». El dinero gastado por el gobierno se convierte en renta para otros agentes económicos, que a su vez lo gastan, amplificando el estímulo inicial.

El segundo instrumento es la reducción de los impuestos (T). Al bajar los impuestos sobre la renta, se aumenta el ingreso disponible de los hogares, lo que debería fomentar un mayor consumo (C) e impulsar la demanda de bienes y servicios.

De igual forma, reducir los impuestos sobre los beneficios empresariales busca estimular la inversión (I). También se pueden realizar transferencias directas, como subsidios, para sostener el poder adquisitivo de las familias de manera inmediata.

Una consecuencia habitual de la política fiscal expansiva es la generación de un déficit presupuestario. Al gastar más de lo que ingresa, el gobierno debe financiar la diferencia, lo que generalmente se hace mediante la emisión de deuda pública.

Instrumentos y objetivos fundamentales

La política fiscal expansiva es una herramienta macroeconómica utilizada para combatir el desempleo y reactivar el crecimiento durante una recesión. Su objetivo es incrementar la demanda agregada, es decir, el gasto total de la economía, para incentivar la producción y la contratación.

El primer instrumento de esta política es el aumento del gasto público (G). El gobierno puede invertir directamente en proyectos de infraestructuras, como carreteras y hospitales, o aumentar las compras de bienes y servicios para dinamizar la economía.

Este aumento del gasto tiene un impacto directo y, según la teoría keynesiana, genera un “efecto multiplicador”. El dinero gastado por el gobierno se convierte en renta para otros agentes económicos, que a su vez lo gastan, amplificando el estímulo inicial.

El segundo instrumento es la reducción de los impuestos (T). Al bajar los impuestos sobre la renta, se aumenta el ingreso disponible de los hogares, lo que debería fomentar un mayor consumo (C) e impulsar la demanda de bienes y servicios.

De igual forma, reducir los impuestos sobre los beneficios empresariales busca estimular la inversión (I). También se pueden realizar transferencias directas, como subsidios, para sostener el poder adquisitivo de las familias de manera inmediata.

Una consecuencia habitual de la política fiscal expansiva es la generación de un déficit presupuestario. Al gastar más de lo que ingresa, el gobierno debe financiar la diferencia, lo que generalmente se hace mediante la emisión de deuda pública.

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