El principio fundamental asociado a este concepto es la ley de la utilidad marginal decreciente. Esta ley establece que, a medida que una persona consume unidades sucesivas de un mismo bien, la utilidad o satisfacción que le reporta cada unidad adicional es menor que la de la unidad anterior. Por ejemplo, la primera porción de pizza proporciona un gran placer; la segunda, un poco menos, y la quinta puede que ya no aporte ninguna satisfacción adicional o incluso genere malestar.
La utilidad marginal determina cómo los consumidores asignan sus ingresos para maximizar su bienestar. Un consumidor racional distribuirá su gasto de tal forma que la utilidad marginal obtenida por el último euro gastado en cada bien sea la misma. Si un bien le proporciona más utilidad marginal por euro que otro, el consumidor comprará más del primero y menos del segundo hasta que se alcance este equilibrio, optimizando así su cesta de la compra.