En primer lugar, la fase de expansión o recuperación se caracteriza por un aumento del Producto Interior Bruto (PIB), la creación de empleo, el incremento de la inversión y un mayor consumo. Cuando esta expansión alcanza su punto máximo, se llega a la cima o auge del ciclo, un período de prosperidad económica en el que la capacidad productiva se utiliza de forma intensa.
A continuación, la economía entra en una fase de contracción o recesión, durante la cual la actividad económica se desacelera de forma apreciable. En una recesión, el PIB disminuye durante al menos dos trimestres consecutivos, aumenta el desempleo, se frena la inversión y se reduce el consumo; si la contracción es especialmente severa y prolongada, se habla de depresión. Finalmente, el punto más bajo del ciclo es el valle o fondo, a partir del cual la economía comienza de nuevo a recuperarse e inicia otra fase de expansión, completando así el ciclo.