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Consumo conspicuo

Gasto en bienes y servicios de lujo con el propósito principal de exhibir públicamente la riqueza y el estatus social de una persona, en lugar de satisfacer una necesidad real.

El término «consumo conspicuo» fue acuñado por el economista y sociólogo Thorstein Veblen en su libro Teoría de la clase ociosa (1899). Veblen observó que, en las sociedades capitalistas, las clases adineradas no consumían simplemente para satisfacer sus necesidades, sino como una forma de demostrar su poder económico y su posición social superior.

El acto de gastar grandes sumas de dinero en productos caros, opulentos y, a menudo, poco prácticos, se convierte en una señal de estatus que busca generar la envidia y la admiración de los demás.

Carácter eminentemente social y competitivo

Este tipo de consumo tiene un carácter eminentemente social y competitivo. El valor de los bienes no reside tanto en su utilidad intrínseca como en su capacidad para comunicar un mensaje de éxito y exclusividad.

Marcas de lujo, coches deportivos de alta gama, yates, joyas ostentosas o vacaciones en destinos exóticos son ejemplos clásicos de consumo conspicuo. La lógica que subyace es que «si puedo permitirme desperdiciar dinero en esto, es porque tengo mucho», lo que refuerza la jerarquía social.

Aunque Veblen lo asoció inicialmente a la «clase ociosa», el consumo conspicuo se ha extendido a otros estratos sociales en la era del consumismo de masas y las redes sociales.

Las personas pueden recurrir a la compra de ciertos productos o a la exhibición de determinadas experiencias no porque las necesiten o las disfruten genuinamente, sino para proyectar una imagen de éxito y pertenencia a un grupo social deseado. Este comportamiento puede generar una espiral de competencia por el estatus, impulsando el endeudamiento y la insatisfacción personal.

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