El punto álgido de la crisis llegó el 15 de septiembre de 2008, cuando el banco de inversión Lehman Brothers se declaró en quiebra. Esta fue la mayor bancarrota de la historia de Estados Unidos, con más de 600.000 millones de dólares en activos, y su caída desató el pánico global.
El día de la quiebra, el índice Dow Jones sufrió una caída del 4,5%, la mayor desde los atentados del 11 de septiembre de 2001. Días después, el 29 de septiembre, se desplomó un 6,98%, su mayor caída en puntos hasta esa fecha. A lo largo de 2008, el índice S&P 500 perdió aproximadamente un 38,5% de su valor.
La crisis no solo afectó a Lehman Brothers. El gigante asegurador AIG tuvo que ser rescatado por el Gobierno estadounidense para evitar su colapso. Grandes bancos como Bear Stearns y Merrill Lynch fueron absorbidos por competidores, mientras que Fannie Mae y Freddie Mac fueron nacionalizados.
La crisis también golpeó con fuerza a otros sectores como la construcción y el inmobiliario. En España, por ejemplo, el 56% de las empresas que entraron en concurso de acreedores en 2008 estaban vinculadas directa o indirectamente al sector de la construcción.
La bolsa española tardó casi diecisiete años en recuperar de forma sostenida los niveles previos al estallido de la crisis de 2008. Este fue un periodo de recuperación considerablemente más largo que el de la mayoría de las bolsas europeas y estadounidenses.