A diferencia de otras ramas, esta disciplina tiene un enfoque multidisciplinar. Reconoce que el desarrollo es un proceso complejo que va más allá del simple crecimiento del PIB e incluye aspectos como la salud, la educación, la distribución de la renta, la estabilidad política y la calidad de las instituciones.
Este campo aborda una amplia gama de temas, investigando las causas de la pobreza y la desigualdad, tanto a nivel de hogares como nacional. Además, evalúa la eficacia de diferentes políticas públicas diseñadas para combatir estos problemas y promover el progreso social.
También analiza los procesos de cambio estructural, como la transición de una economía agraria a una industrial. Estudia el papel de factores clave como la acumulación de capital físico y humano, el cambio tecnológico, el comercio internacional y la calidad de la gobernanza en el proceso de desarrollo.
En las últimas décadas, la economía del desarrollo ha experimentado una «revolución de la credibilidad». Esto se debe al uso creciente de métodos empíricos rigurosos, en particular los experimentos controlados aleatorizados (RCT), popularizados por economistas como Esther Duflo, Abhijit Banerjee y Michael Kremer.
Estos métodos permiten evaluar el impacto causal de intervenciones específicas, como programas de microcréditos o reformas educativas. Su uso ha mejorado la capacidad de diseñar políticas de desarrollo efectivas que estén basadas en evidencia sólida y contrastada.