La economía planificada, también conocida como economía centralizada o de planificación central, es un modelo en el que el Estado asume el control total o casi total de la actividad económica. En este sistema, una agencia de planificación central elabora planes que dictan qué bienes producir, en qué cantidades y a qué precios vender.
La propiedad de los medios de producción es mayoritariamente estatal, y las empresas actúan como meras ejecutoras de las directrices del plan, sin autonomía. Los precios no se determinan por la oferta y la demanda, sino que son fijados administrativamente por la autoridad central.
El objetivo teórico de este sistema es asignar los recursos de acuerdo con las prioridades sociales establecidas por el gobierno, buscando garantizar el pleno empleo y una distribución de la renta más equitativa. Este modelo fue adoptado por los estados socialistas del siglo XX, como la Unión Soviética, y por países como Cuba o Corea del Norte.