La Edad Moderna se caracterizó por el auge del humanismo, la consolidación de los Estados nacionales y una expansión mercantil global sin precedentes. Durante esta etapa, la economía experimentó una transformación radical debido a la apertura de nuevas rutas transoceánicas y el contacto con el continente americano.
Al producirse la llegada masiva de metales preciosos, como el oro y la plata, Europa vivió una revolución de los precios que alteró las estructuras financieras tradicionales. Por consiguiente, los monarcas adoptaron el mercantilismo como doctrina principal, la cual sostenía que la riqueza de una nación dependía de la acumulación de metales y del mantenimiento de una balanza comercial favorable. De esta manera, el Estado intervino activamente en la economía mediante la creación de monopolios y el fomento de la industria nacional.
En este contexto, surgieron las primeras grandes sociedades mercantiles por acciones, como las Compañías de las Indias, que permitieron financiar expediciones de alto riesgo y escala global.
Asimismo, el desarrollo de la banca y la generalización de instrumentos de crédito facilitaron el crecimiento de las ferias comerciales y los centros financieros urbanos. Por lo tanto, el sistema económico comenzó a transitar desde el feudalismo agrario hacia un capitalismo comercial más dinámico, donde la burguesía consolidó su poder frente a la nobleza terrateniente.
A medida que avanzaba el siglo XVIII, el pensamiento económico evolucionó hacia nuevas teorías que cuestionaban el rígido control estatal sobre el mercado. Al surgir la fisiocracia y, posteriormente, el liberalismo clásico, se empezó a defender la libertad de industria y la propiedad privada como motores del progreso humano.
A modo de resumen, la Edad Moderna sentó las bases institucionales y técnicas que permitirían la posterior Revolución Industrial. Gracias a este proceso de integración mundial y especialización productiva, se configuró un mapa geopolítico donde la hegemonía económica se desplazó hacia las potencias atlánticas y el comercio internacional se convirtió en el eje de la política exterior de las naciones modernas.