El ejemplo clásico de estanflación fueron las crisis del petróleo de 1973 y 1979. El drástico aumento del precio del crudo por parte de la OPEP encareció la energía y las materias primas, obligando a las empresas a reducir su producción y a despedir trabajadores.
Al mismo tiempo que se generaba estancamiento y desempleo, las empresas trasladaban esos mayores costes a los precios de venta de sus productos y servicios. Este mecanismo fue el que desató la espiral inflacionista característica de este fenómeno.
La estanflación es un escenario particularmente difícil para las autoridades económicas. Las políticas tradicionales para combatir la inflación (políticas restrictivas) pueden agravar la recesión, mientras que las medidas para estimular la economía (políticas expansivas) pueden disparar aún más la inflación.
La solución a la estanflación de los años 70 implicó la adopción de políticas monetarias muy restrictivas para anclar las expectativas de inflación, asumiendo el coste de una recesión a corto plazo. A su vez, se implementaron reformas estructurales para mejorar la flexibilidad de la oferta.