El motor de este cambio es la interacción constante entre las instituciones y las organizaciones, como empresas, partidos políticos o sindicatos. Las instituciones establecen la estructura de incentivos de una sociedad, determinando qué actividades son rentables y cuáles no.
Las organizaciones nacen para aprovechar las oportunidades que ofrece ese marco institucional. Sin embargo, en su búsqueda de beneficios, estas mismas organizaciones pueden percibir que un cambio en las reglas del juego les sería favorable, por lo que invierten recursos para modificarlas.
De esta forma, la evolución institucional es un proceso endógeno, ya que el cambio surge desde dentro del propio sistema. North destaca el papel crucial que juegan las creencias y las ideologías, pues dan legitimidad a las instituciones y moldean la percepción sobre los cambios deseables.
Comprender la evolución institucional de un país es fundamental para explicar su desarrollo económico a largo plazo. Son las instituciones las que determinan los costes de transacción, la seguridad de los derechos de propiedad y, en definitiva, si una sociedad fomenta la inversión y la innovación.