La idea de un impuesto único ha sido propuesta en diferentes momentos de la historia como una forma de simplificar radicalmente el sistema tributario. Su objetivo es reemplazar múltiples impuestos y tipos impositivos por una sola figura, aumentando la eficiencia y reduciendo la burocracia.
Una de las primeras propuestas fue la de los fisiócratas en el siglo XVIII. Ellos abogaban por un impuesto único sobre la renta de la tierra, ya que consideraban que la agricultura era la única fuente real de riqueza y que todos los demás impuestos terminaban recayendo sobre ella.
Más tarde, en el siglo XIX, el economista estadounidense Henry George también propuso un impuesto único sobre el valor de la tierra (sin contar las mejoras). Argumentaba que la renta del suelo era un ingreso no ganado que debía ser capturado por la comunidad para financiar los servicios públicos.
En el debate contemporáneo, la propuesta de impuesto único más conocida es el impuesto de tipo único sobre la renta o flat tax. Este sistema sustituye el impuesto sobre la renta progresivo por un único tipo impositivo constante que se aplica a todos los niveles de renta.