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Inflación

Aumento generalizado y sostenido del nivel de precios de los bienes y servicios de una economía durante un período de tiempo determinado, lo que provoca una pérdida del poder adquisitivo del dinero.

La inflación es un fenómeno macroeconómico que se produce cuando, de manera generalizada y sostenida, la mayoría de los precios de una economía están subiendo. No se trata del aumento de un solo producto, sino de un incremento que afecta a la cesta de la compra en su conjunto.

Como consecuencia directa de la inflación, cada unidad de moneda, como el euro, permite comprar menos bienes y servicios que antes. En otras palabras, la inflación erosiona el valor real del dinero y reduce el poder de compra de los consumidores y ahorradores.

Para medir este fenómeno, se utiliza habitualmente el Índice de Precios de Consumo (IPC). Este indicador sigue la evolución del precio de una cesta representativa de bienes y servicios que consumen los hogares, ofreciendo una medida promedio del encarecimiento de la vida.

Su origen: un fenómeno monetario y más

Aunque existen diversas teorías sobre sus orígenes, una de las más influyentes, defendida por la Escuela de Chicago y economistas como Milton Friedman, sostiene que la inflación es siempre y en todo lugar un fenómeno monetario. Esto significa que la inflación sostenida solo puede producirse si la cantidad de dinero en la economía crece más rápido que la producción de bienes y servicios.

Esta visión explica la inflación de demanda, que ocurre cuando el gasto total, a menudo impulsado por un exceso de dinero en circulación, supera la capacidad de producción de la economía. Se genera así una situación de «demasiado dinero persiguiendo muy pocos bienes».

Otras teorías apuntan a la inflación de costes, que se produce cuando aumentan los costes de producción (salarios, materias primas). Desde la perspectiva monetarista, este tipo de shock solo puede generar inflación sostenida si el banco central valida estos aumentos de precios con una mayor emisión monetaria.

También existe la inflación generada por expectativas. Si los agentes económicos anticipan futuras subidas de precios, ajustan su comportamiento (pidiendo salarios más altos o subiendo precios preventivamente), lo que acaba provocando la propia inflación en una especie de profecía autocumplida.

Una inflación moderada, en torno al 2%, se considera normal e incluso puede facilitar ciertos ajustes en la economía. Sin embargo, una inflación alta e inestable es muy perjudicial por la incertidumbre que genera y la distorsión que introduce en las decisiones de ahorro e inversión.

La alta inflación redistribuye la riqueza de manera arbitraria, perjudicando principalmente a los ahorradores y a quienes tienen rentas fijas (pensionistas, asalariados). En casos extremos, una espiral inflacionista puede derivar en una hiperinflación, destruyendo la economía.

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