Por un lado, está la inversión productiva, que busca aumentar la productividad y los ingresos futuros (comprar una máquina, abrir una planta o implantar un sistema informático). Por otro lado, se habla de inversión financiera cuando se destinan fondos a activos (acciones, bonos o depósitos bancarios) con el objetivo de obtener intereses, dividendos o plusvalías.
Además, puede distinguirse entre inversión bruta e inversión neta. La inversión bruta es la inversión total realizada en un periodo, sin descontar la depreciación del capital existente (incluye tanto reposición como ampliación del capital). En cambio, la inversión neta descuenta esa depreciación, por lo que indica si la economía realmente está aumentando su stock de capital.
Así pues, la relación típica es: inversión bruta = inversión neta + depreciación.