Adam Smith y otros economistas clásicos también adoptaron la idea de un orden natural, aunque con un enfoque menos teológico. Veían la búsqueda del interés propio o la competencia como parte de un sistema que, sin interferencias, generaba un bien común.
La famosa «mano invisible» de Smith es una manifestación de este orden espontáneo. Describe cómo las acciones individuales, guiadas por el interés personal, se coordinan de forma no intencionada para producir resultados beneficiosos para toda la sociedad.
La noción de ley natural también fue clave para fundamentar los derechos individuales, especialmente el derecho a la propiedad privada. Pensadores como John Locke defendieron que la propiedad no es una concesión del Estado, sino un derecho natural que lo precede.
Esta visión de la economía como un sistema natural y autorregulado se convirtió en un poderoso argumento ideológico. Fue utilizado para oponerse al intervencionismo y a las regulaciones económicas características del Antiguo Régimen.