La formulación de la ley de un solo precio se aplica sobre todo a bienes fácilmente transportables y comparables, como materias primas, metales o activos financieros. En esos casos, las diferencias de precio tienden a ser pequeñas y de corta duración, precisamente porque el arbitraje es rápido y relativamente barato.
En servicios, bienes no comerciables o productos con fuerte componente de marca, calidad o regulación, la ley se cumple solo de forma aproximada o puede no resultar operativa.
Este principio sirve de base teórica a otros conceptos de economía internacional, entre ellos la teoría de la paridad del poder adquisitivo. Si para cada bien se cumple la ley de un solo precio, entonces, al agregar todos los bienes de una «cesta» representativa, el tipo de cambio debería ajustarse para igualar el precio total de esa cesta entre países. Por ello, la ley de un solo precio ayuda a entender cómo los precios relativos, el comercio y los tipos de cambio se relacionan en el largo plazo.