Por un lado, los defensores de este sistema, siguiendo a Adam Smith, argumentan que es la forma más eficiente de asignar recursos. De hecho, el sistema de precios actúa como un mecanismo de información que coordina de manera descentralizada y automática las acciones de millones de personas.
Sin embargo, los críticos señalan que los mercados libres puros son un ideal que no existe en la realidad. Específicamente, advierten sobre los «fallos de mercado», tales como la generación de externalidades negativas, por ejemplo, la contaminación industrial no regulada.
Asimismo, otros fallos incluyen la provisión insuficiente de bienes públicos y la tendencia a la concentración de poder económico, lo que puede generar monopolios y aumentar la desigualdad social.
Como resultado de estos fallos, la mayoría de las economías del mundo son economías mixtas. En conclusión, estos sistemas combinan la libertad de mercado con un grado de regulación e intervención estatal para corregir sus deficiencias y garantizar un mayor bienestar social.