Sus raíces se hunden en el liberalismo clásico, pero su articulación moderna más influyente se encuentra en la obra del filósofo Robert Nozick. En su libro Anarquía, Estado y utopía (1974), Nozick argumenta que un Estado mínimo no solo es legítimo, sino que surge de forma natural para proteger los derechos sin violarlos, pero que cualquier Estado más extenso es injustificable.
Otras figuras importantes que han defendido posiciones minarquistas son la novelista y filósofa Ayn Rand, a través de su objetivismo, y economistas de la Escuela Austriaca de Economía como Ludwig von Mises.
En lo económico, el minarquismo promueve un capitalismo laissez-faire, con una interferencia estatal prácticamente nula. Se sitúa como un punto intermedio entre el anarcocapitalismo, que rechaza cualquier forma de Estado, y las visiones socialdemócratas.
Sus detractores anarquistas lo critican por legitimar un monopolio de la fuerza, mientras que los defensores de un Estado del bienestar argumentan que un modelo tan reducido es insuficiente para corregir las desigualdades y las fallas del mercado, dejando desprotegidos a los más vulnerables.