La Escuela Neoclásica, también conocida como la Revolución Marginalista, supuso un cambio de paradigma con respecto a la economía clásica de Smith y Ricardo. Sus pioneros, como William Stanley Jevons, Carl Menger y Léon Walras, cambiaron el foco de análisis desde el crecimiento a largo plazo y la distribución entre clases sociales hacia la asignación eficiente de recursos escasos en un momento dado.
El concepto central de esta revolución fue la utilidad marginal, que sostiene que el valor de un bien no depende del trabajo necesario para producirlo (teoría del valor-trabajo), sino de la satisfacción que reporta al consumidor la última unidad consumida de ese bien (teoría del valor subjetivo).
El enfoque neoclásico se caracteriza por su alto grado de formalización matemática y su método basado en el individualismo metodológico. Se parte del supuesto del Homo economicus, un agente representativo, racional y egoísta que busca maximizar su utilidad (si es un consumidor) o su beneficio (si es un productor). El análisis se centra en la determinación del equilibrio en los mercados a través del libre juego de la oferta y la demanda.