El Neoestructuralismo defiende un papel activo del Estado, no ya para proteger a la industria de la competencia externa, sino para promover una transformación productiva con equidad. Esto implica la implementación de políticas industriales y tecnológicas que fomenten la competitividad, la innovación y la diversificación de las exportaciones hacia productos con mayor valor agregado.
Un elemento central y distintivo del Neoestructuralismo es su fuerte énfasis en la equidad social y la sostenibilidad. Sostiene que el crecimiento económico no es un fin en sí mismo si no va acompañado de una mejora en la distribución del ingreso, una reducción de la pobreza y la creación de empleo de calidad.
Para concluir, el Neoestructuralismo propone fortalecer el Estado de bienestar, las políticas sociales universales y la inversión en capital humano. Además, incorpora la dimensión ambiental, abogando por un desarrollo que sea sostenible a largo plazo y que no degrade el medio ambiente.