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Política fiscal contractiva

Es la estrategia que aplica un Gobierno para moderar el crecimiento económico y combatir la inflación. Consiste en reducir el gasto público o aumentar los impuestos para disminuir la demanda agregada y frenar la subida de precios.

La política fiscal contractiva — también conocida como restrictiva— es el conjunto de medidas que un gobierno adopta para frenar un crecimiento económico excesivo y las presiones inflacionistas. Su objetivo principal es «enfriar» la actividad económica para estabilizar los precios.

Para lograrlo, las autoridades recurren a dos instrumentos principales: el aumento de los impuestos y la reducción del gasto público. Ambas acciones retiran dinero de la circulación, lo que disminuye la capacidad de gasto de los consumidores y las empresas.

El aumento de la carga tributaria reduce directamente la renta disponible de los hogares y los beneficios de las empresas. Al subir los impuestos sobre la renta, las ganancias o el consumo, se desincentiva el gasto y la inversión privados.

Por otro lado, la reducción del gasto público implica recortar partidas como la inversión en infraestructuras, las subvenciones o el empleo público. Esta medida no solo reduce la demanda del sector público, sino que también contribuye a la desaceleración general de la economía.

Los riesgos de estas políticas

Aunque su propósito es contener la espiral inflacionista, esta política conlleva riesgos significativos. Una contracción demasiado brusca o prolongada puede frenar la economía más de lo necesario, provocando una recesión y un aumento del desempleo.

Por ello, los responsables políticos deben calibrar con sumo cuidado la intensidad y la duración de estas medidas. La política contractiva exige un delicado equilibrio entre el control de la inflación y el mantenimiento del crecimiento económico y el empleo.

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