El punto de partida de la praxeología es el «axioma de la acción»: el ser humano actúa, es decir, utiliza medios para alcanzar fines que considera valiosos. Para Mises, este axioma es una verdad irrefutable y evidente por sí misma (a priori), ya que incluso intentar negarlo es, en sí mismo, un acto intencionado.
A partir de este axioma, la praxeología deduce lógicamente un conjunto de teoremas y leyes económicas. Conceptos como valor subjetivo, utilidad marginal o coste de oportunidad no son descubrimientos empíricos, sino implicaciones lógicas del hecho de que los seres humanos actúan para mejorar su estado de satisfacción.