Se distinguen varios tipos de productividad. La productividad laboral mide la producción por trabajador o por hora trabajada y es muy utilizada para comparar el desempeño entre empresas y economías.
La productividad del capital evalúa cuánto output se genera por cada unidad de capital físico. La productividad total de los factores (PTF) relaciona la producción con el conjunto de factores y recoge mejoras ligadas a organización, tecnología o innovación.
La fórmula general es: productividad = producción obtenida / recursos utilizados.
La fórmula puede aplicarse a una línea de producción, a un trabajador, a una planta industrial o al conjunto de la economía, por ejemplo el PIB por hora trabajada.
Un aumento sostenido de la productividad permite elevar salarios, reducir costes unitarios, mejorar la competitividad y aumentar el nivel de vida sin incrementar proporcionalmente el empleo o el uso de recursos naturales.
Los factores que influyen en la productividad incluyen inversión en capital físico, calidad del capital humano, nivel tecnológico, calidad de la gestión, organización del trabajo, infraestructuras y entorno institucional.
Entornos estables, con buena gobernanza y competencia efectiva, favorecen la innovación y el uso eficiente de recursos, mientras que la burocracia excesiva o la inseguridad jurídica pueden lastrar la productividad.