El primer teorema fundamental de la economía del bienestar establece que cualquier equilibrio competitivo en un mercado perfecto alcanza la eficiencia de Pareto. Este principio sugiere que los mercados, bajo condiciones ideales, conducen a resultados eficientes sin necesidad de intervención.
Sin embargo, la eficiencia no garantiza la equidad. Un resultado puede ser eficiente en el sentido de Pareto, pero al mismo tiempo ser extremadamente desigual en la distribución de la riqueza. Aquí es donde la teoría incorpora la dimensión de la justicia social.
La equidad se analiza a través de las funciones de bienestar social. Estos modelos teóricos intentan agregar las preferencias individuales para medir el bienestar colectivo. Su aplicación implica juicios de valor sobre cómo ponderar el bienestar de los distintos miembros de la sociedad.
El segundo teorema fundamental de la economía del bienestar conecta eficiencia y equidad. Sostiene que cualquier resultado eficiente de Pareto puede lograrse como un equilibrio de mercado, siempre que se realice una redistribución inicial adecuada de los recursos.
Esto tiene una implicación política muy importante: la sociedad puede separar sus objetivos. Por un lado, puede dejar que los mercados busquen la eficiencia. Por otro, puede usar políticas redistributivas (impuestos, transferencias) para alcanzar la equidad deseada.