En términos de política pública, la teoría del capital humano se usa para justificar la importancia de invertir en educación, salud y formación profesional. Asimismo, es habitual aplicarla al análisis de empresas, ya que la capacitación interna puede mejorar el rendimiento y la innovación, y, a la vez, reducir rotación y errores.
Sin embargo, conviene matizar sus resultados: los salarios no dependen solo de la productividad, sino también de la estructura del mercado laboral, la negociación, las instituciones y las oportunidades reales de acceso a la educación. Por ello, aunque el capital humano es una pieza clave para entender el desarrollo, no explica por sí solo la desigualdad ni garantiza movilidad social si existen barreras económicas o territoriales.