La teoría del equilibrio general analiza la economía como un todo interconectado, a diferencia del equilibrio parcial, que se enfoca en un único mercado. Considera cómo los cambios en un mercado, como el laboral, generan efectos en otros, como el de bienes de consumo.
El objetivo de este enfoque es encontrar un vector de precios que permita que la oferta y la demanda se igualen en todos los mercados de forma simultánea. Se busca entender la interdependencia económica y sus efectos de retroalimentación.
El modelo pionero fue desarrollado por Léon Walras y más tarde formalizado matemáticamente por Kenneth Arrow y Gérard Debreu. El modelo de Arrow-Debreu demostró la existencia teórica de un equilibrio general bajo supuestos muy estrictos.
Estos supuestos incluyen competencia perfecta, ausencia de externalidades e información completa. Este resultado dio un sustento riguroso a la idea de la «mano invisible» de Adam Smith, mostrando cómo un sistema de precios descentralizado puede coordinar a millones de agentes.
A pesar de su elegancia teórica, el modelo tiene limitaciones prácticas por sus supuestos poco realistas. No obstante, su importancia es fundamental, ya que actúa como un punto de referencia para comprender la interconexión de la economía.
Las herramientas analíticas de la teoría del equilibrio general son la base de modelos macroeconómicos más complejos. Su influencia se extiende a áreas tan diversas como las finanzas internacionales y la economía del bienestar.