Formulada independientemente por Raúl Prebisch y Hans Singer a mediados del siglo XX, esta teoría desafió la visión optimista de que el comercio internacional beneficiaba simétricamente a todos los participantes.
Su análisis mostró que la relación de precios entre exportaciones (periferia) e importaciones (centro) tendía a empeorar históricamente para los países en desarrollo, obligándolos a un esfuerzo productivo creciente solo para mantener su nivel de consumo externo.
Existen varias razones que explican este fenómeno. En primer lugar, la demanda de alimentos y materias primas es inelástica respecto al ingreso: a medida que el mundo se enriquece, el gasto en comida crece menos proporcionalmente que el gasto en tecnología o servicios sofisticados. En segundo lugar, los avances tecnológicos en los países centrales se traducen en salarios más altos y mejores beneficios, mientras que en la periferia, el exceso de mano de obra presiona los salarios a la baja, transfiriendo las ganancias de productividad al exterior vía precios bajos.