El dinero:
qué es, funciones y su evolución histórica (1/2)
El dinero es un instrumento que las personas aceptan como medio de pago para comprar y vender bienes, servicios o saldar deudas. Puede ser en forma de billetes, monedas o incluso digital. La función principal del dinero es facilitar los intercambios en la sociedad porque todos confían en su valor.
El dinero es un medio de pago para comprar y vender bienes y servicios
El dinero es un elemento fundamental que afecta todos los aspectos de nuestras vidas. Podemos decir que el dinero es un bien comúnmente aceptado como medio de pago para los intercambios de bienes y servicios entre compradores y vendedores en un mercado.
La palabra «dinero» proviene del latín «denarius», nombre de una antigua moneda romana que circuló desde el año 268 a.C. hasta el 360 d.C.
Funciones y características del dinero
El dinero cumple tres funciones esenciales en la economía:
- Medio de intercambio: Facilita las transacciones en la compra y venta de bienes y servicios.
- Unidad de cuenta: Proporciona una medida común para valorar bienes y servicios.
- Reserva de valor: permite conservar valor a lo largo del tiempo para satisfacer futuras adquisiciones.
Pero para que un bien sea considerado dinero, debe poseer cuatro características básicas:
- Durabilidad: debe poder utilizarse frecuentemente sin desgastarse o deteriorarse.
- Portabilidad: debe transportarse con facilidad de un lugar a otro.
- Divisibilidad: debe poder dividirse en unidades más pequeñas para intercambios a diferentes precios.
- Fungibilidad: todas las unidades de la misma denominación deben tener el mismo valor.
El dinero debe poder dividirse en unidades más pequeñas
El antecedente del dinero
Los intercambios comerciales aparecen cuando el hombre prehistórico se vuelve sedentario y se organiza en sociedad. Hasta entonces, los homínidos eran nómadas que cazaban y recolectaban sin establecerse de manera fija en un territorio.
¿Y cómo se intercambiaban los bienes y/o servicios en aquellos tiempos y hasta que apareció el dinero? Pues a través del trueque.
El trueque consiste en el intercambio directo de bienes y servicios sin intermediarios monetarios. Por ejemplo, se intercambiaban manzanas por peces.
Sin embargo, el trueque presenta limitaciones significativas. ¿Qué ocurre si el productor si quien recolectaba manzanas no quería peras y sí aceite? Esta situación genera el problema de la doble coincidencia de deseos, donde tanto el ofertante como el demandante deben querer lo que el otro ofrece.
A pesar de sus limitaciones más que evidentes, el trueque tambien tiene ciertas ventajas:
- Fomenta relaciones personales mediante el establecimiento de vínculos comerciales directos.
- Es sostenible porque genera pocos residuos y escasa contaminación.
Hoy día, podemos encontrar a amantes del trueque en bancos de tiempo, mercados de trueque —valga la redundancia— y plataformas en línea.
El primer dinero: el dinero mercancía
El trueque está muy bien, pero no es nada práctico. Para subsanar sus deficiencias, en un primer momento se optó por el uso de objetos aceptados mayoritariamente como medio de pago. Es lo que se denomina dinero mercancía. Así, entre los primeros ejemplos de dinero mercancía nos encontramos con:
- El ganado.
- Las conchas marinas.
- La sal.
- Las especias.
- Los cereales.
Más adelante, el oro, la plata y otros metales precisosos ocuparon un puesto de mayor relevancia en sustitución de otros bienes como dinero mercancía. Estos metales presentaban ventajas significativas:
- Escasez y valor intrínseco.
- Durabilidad.
- Facilidad de transporte.
- Divisibilidad.
- Uso dual: sirve como dinero y como bien de ornamentación.
Monedas, papel moneda y billetes
Transportar pedazos de oro y plata de aquí para allá no resultaba muy práctico, ya que iempre había que pesarlos para poder realizar transacciones. ¿La solución a ese problema?Pues la moneda.
Según la Real Academia Española, una moneda es «una pieza de oro, plata, cobre u otro metal, regularmente en forma de disco y acuñada con los distintivos elegidos por la autoridad emisora para acreditar su legitimidad y valor».
Las primeras monedas aparecieron en China en el siglo VII a.C. y eran de bronce. Un siglo después, en el reino de Lidia (actual Turquía), nacieron las primeras monedas de oro y plata. El rey Aliates acuñó dos tipos de monedas con su efigie, asignándoles distintos valores, creando así la primera casa oficial de moneda.
Cargar bolsas y sacos de monedas tampoco resultaba demasiado práctico. Para resolver esta dificultad, particulares chinos crearon el primer papel moneda en el siglo VI d.C.
Inicialmente, este papel moneda era una especie de recibo nominal que una persona entregaba a cambio del oro depositado. Solo el propietario —cuyo nombre constaba en el billete— podía reclamar el oro.
Este sistema evolucionó hacia billetes al portador, donde quien poseía el billete podía reclamar el oro. En el siglo X d.C., el gobierno chino de la dinastía Song prohibió las emisiones privadas y monopolizó la emisión de papel moneda. Así nació el «xiaoci», considerado el primer billete oficial de la historia.
Marco Polo describió los billetes chinos tras sus viajes por la Ruta de la Seda en el siglo XI. En Europa, la primera emisión de papel moneda se produjo en 1250 con un decreto del rey Jaime I de Aragón.
No sería hasta el siglo XV cuando se emitieron billetes de manera generalizada en Europa, gracias a la iniciativa de Johan Palmstruch —que era letón-holandés— a través del Banco de Estocolmo. Los billetes emitidos por el banco eran respaldados por lingotes de cobre llamados dáleros. Sin embargo, Palmstruch emitió más billetes de los que contaban con garantía de los dáleros y el banco se fué a la la quiebra del banco. La corona sueca se hizo cargo y así nació el primer Banco Central de la historia… y el primer rescate bancario.
El patrón oro
A mediados del siglo XV, David Hume modeló el sistema del patrón oro. Este sistema vinculaba la emisión de monedas y billetes de los bancos centrales a su respaldo físico en oro.
El Banco de Inglaterra fue el impulsor del patrón oro en 1819. Establació que los billetes pudieran intercambiarse por una cantidad fija de oro a un precio determinado. Este sistema proporcionaba estabilidad monetaria considerable.
Portugal adoptó el patrón oro en 1854, seguido por Alemania, Holanda, Dinamarca y Estados Unidos. También se sumaron Suiza, Bélgica, Italia y Francia, principales países de la Unión Monetaria Latina creada en 1865. Sin embargo, solo Inglaterra, Alemania y Estados Unidos mantuvieron un patrón de oro puro, sin usar plata como respaldo.
La Primera Guerra Mundial puso a prueba la viabilidad del patrón oro. Los países contendientes lo abandonaron temporalmente para financiar gastos militares, lo que desembocó en inflación y la suspensión del intercambio de moneda por oro.
Después de la guerra, hubo intentos de restaurar el patrón oro, pero fueron complicados por las deudas de guerra y los desequilibrios económicos de la posguerra.
