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¿Acaso no es evidente?
Milei en Madrid: el «loco» que Sánchez no soporta
Santi Sanz
Esta semana vuelve a España Javier Milei, el presidente que Pedro Sánchez menos desea ver. El Gobierno argentino ha confirmado una visita de dos días a partir del martes 20 de octubre, sin reunión con Sánchez ni con el rey. Se reunirá con Isabel Díaz Ayuso, presidenta de la Comunidad de Madrid, y con Santiago Abascal, líder de Vox. También verá a empresarios para promover inversiones en Argentina.
Milei participará en la X Conferencia Anual de Madrid sobre Economía Austriaca. La organizan la Universidad Rey Juan Carlos, la Universidad de Ciencias Aplicadas de Lübeck y la Fundación Jesús Huerta de Soto.
Huerta de Soto es economista y jurista, catedrático de Economía Política en la Universidad Rey Juan Carlos desde el año 2000 y es uno de los principales referentes españoles de la Escuela Austríaca de economía, que destaca el papel de las decisiones individuales y del mercado frente a la intervención estatal. Es también uno de los maestros intelectuales de Javier Milei, quien ha aprendido de sus enseñanzas y tomado de ellas parte de sus ideas económicas. Además, es un destacado defensor y difusor del anarcocapitalismo, que propone una sociedad sin Estado.
La visita de Milei no es oficial: no hay programa de Gobierno a Gobierno. Es una agenda de universidad, partido y negocio.
Pero la visita dura dos días. Lo que enfrenta a Milei y Sánchez va bastante más allá: dos formas de entender quién debe manejar el dinero y hasta dónde debe llegar el Estado.
El loco y el histérico
Hay un chiste clásico sobre un loco y un histérico. El loco dice que dos más dos son cinco. El histérico sabe que son cuatro, pero no lo soporta.
A Milei lo llamaron «loco» durante años por decir en voz alta y con estrépito lo que se sabe en cualquier casa: que no se puede gastar más de lo que se ingresa y que, si imprimes dinero, suben los precios. Dos más dos, cuatro. Hizo falta un 55,65% en el balotaje de 2023 (la segunda vuelta de las presidenciales) para que dejaran de reírse.
Antes de aquellas votaciones, Sánchez grabó un vídeo para pedir el voto por Sergio Massa en nombre de «la tolerancia y el diálogo» frente a «la estridencia». Massa era el candidato oficialista y ministro de Economía de un país con una inflación del 211,4% anual.
Cuando ganó «la estridencia», el Gobierno de Sánchez deseó «éxito a Argentina» sin felicitar al ganador de las elecciones.
La discrepancia, sin embargo, no se limita a los modales. Uno propone recortar el Estado; el otro lo presenta como la solución a casi cualquier problema. El volumen de voz es lo de menos. Lo que molesta es el programa.
Cuando ganó «la estridencia», el Gobierno de Sánchez deseó «éxito a Argentina» sin felicitar al ganador de las elecciones.
Dos economistas, dos trayectorias
Los dos presidentes son economistas, y ahí prácticamente se acaba lo que tienen en común.
Pedro Sánchez se licenció en Ciencias Económicas y Empresariales en 1995 en el Real Centro Universitario Escorial – María Cristina, un centro privado adscrito a la Universidad Complutense de Madrid (UCM), y se doctoró en Economía en 2012 por la Universidad Camilo José Cela (UCJC), también privada.
Sánchez Se afilió al PSOE en 1993. Trabajó como asesor en el Parlamento Europeo y en el gabinete del alto representante en Bosnia; después fue profesor universitario. Fue concejal del Ayuntamiento de Madrid, diputado y secretario general del PSOE. Llegó a la presidencia del Gobierno en junio de 2018, tras la moción de censura contra Mariano Rajoy, a los 46 años y catorce años después de acceder a su primer cargo electo.
Milei hizo el camino inverso. Al igual que Pedro Sánchez, se formó en instituciones universitarias privadas (¡la educación une lo que la política separa!). Se licenció en Economía por la Universidad de Belgrano, con posgrados en el Instituto de Desarrollo Económico y Social (IDES) y en la Universidad Torcuato Di Tella (UTDT).
Trabajó como economista senior en HSBC y fue economista jefe de la gestora de pensiones Máxima AFJP y de Corporación América, además de profesor universitario. Su único paso previo por el Estado fue una pasantía de unos meses en el Banco Central de la República Argentina (BCRA), treinta años antes de gobernar.
La fama de Milei vino de la televisión: un economista que gritaba en los platós y que, según el CIDOB, ganó notoriedad por la vehemencia de sus ataques.
Con un partido creado cinco meses antes, en 2021 obtuvo un escaño de diputado. Dos años después ganó la presidencia con 14.554.560 votos, frente a un candidato oficialista que era ministro de una economía con una inflación del 211,4%.
Uno necesitó catorce años de cargos públicos y una moción de censura. El otro, dos años como diputado y un hartazgo. Uno es el aparato; el otro, el outsider.
La diferencia no es solo ideológica, sino de experiencia. Milei pasó casi tres décadas en bancos, consultoras y universidades antes de ocupar un cargo público. En cambio, Sánchez vive de cargos públicos desde 2004: concejal, diputado, secretario general y presidente. Uno predica el recorte del Estado desde fuera; el otro lo defiende desde dentro.
Milei pasó casi tres décadas en bancos, consultoras y universidades antes de ocupar un cargo público. En cambio, Sánchez vive de cargos públicos desde 2004.
Cuestión de prioridades
Los dos son, casi punto por punto, opuestos. En su juventud, Sánchez jugaba al baloncesto; Milei, al fútbol. También difieren en sus alianzas y prioridades. Sánchez reconoció el Estado palestino en mayo de 2024, habla de genocidio en Gaza, denosta a Donald Trump y ha viajado cuatro veces a China en cuatro años. Por contra, Milei defiende a Israel a capa y espada, es un aliado fiel de Washington y mantiene una posición crítica con Pekín.
Las diferencias también se encuentran en la comunicación institucional. Para enojo de los medios, Milei redujo al mínimo la publicidad oficial, la famosa «pauta», y prorrogó la suspensión hasta finales de este año. Sánchez, por el contrario, destinó 172,3 millones de euros a publicidad institucional en 2025, un 8,2% más que el año anterior. En total, Pedro Sánchez ha inyectado más de 1.160 millones de euros a los medios de comunicación desde 2018.
Son partidas de países y administraciones diferentes, no una comparación contable directa. Pero ilustran dos prioridades políticas: reducir la financiación pública de la comunicación gubernamental o mantenerla como un instrumento habitual.
Según los medios argentinos, Milei duerme en una casita que era cuarto de herramientas en la residencia oficial de Olivos, y cuya reforma pagó de su bolsillo. Además, ha reducido el personal de Olivos. Sánchez vive en la Moncloa, como todos sus predecesores desde 1977, en una residencia de ocho habitaciones y nueve baños que remodeló a cargo del erario público.
Las vacaciones también los separan. En el invierno austral, Milei no se tomó vacaciones formales y trabajó desde Olivos. En nuestro verano, Sánchez pasó 23 días en La Mareta, en Lanzarote, tras la invasión de los días 30 y 31 de julio en Ceuta, a la que dedicó una visita de poco más de cien minutos. Sánchez se defendió de las críticas diciendo que «he trabajado y he descansado, son mis derechos».
Ni dormir en una casita garantiza una buena política económica ni pasar las vacaciones en una residencia oficial demuestra lo contrario. Pero estos gestos adquieren otro significado cuando un gobernante pide sacrificios a los ciudadanos. La austeridad se explica mejor cuando no parece reservada a los demás.
Milei duerme en una casita que era cuarto de herramientas en la residencia oficial de Olivos, y cuya reforma pagó de su bolsillo.
Libre mercado frente a intervencionismo
Es en la política económica donde las diferencias dejan de ser una cuestión de imagen. Sánchez ha aprobado el mayor techo de gasto de la historia de España (226.032 millones de euros para 2027, un 6,6% más que 2026 y un 88% más que en 2018). En cambio, Milei recortó el gasto primario un 30% en términos reales en dos años y cerró la mitad de los ministerios: pasaron de 18 a 9.
El Gobierno de Sánchez se vanagloria del aumento de las ayudas sociales, como el Ingreso Mínimo Vital (IMV), para combatir la pobreza.
Cuando asumió la presidencia, en junio de 2018, la tasa de riesgo de pobreza o exclusión social (AROPE) era del 27,3%. Siete años después se situaba en el 25,7%, cerca de 12,6 millones de personas, según el Instituto Nacional de Estadística (INE).
¿Y en Argentina? En el primer semestre de este año la pobreza general fue del 32,3% (unos 15 millones de personas), frente al 28,2% del segundo semestre de 2025. No obstante, hay que apuntar que seis meses después de que Milei llegara a la presidencia la tasa se situó en el 52,9%, tras el ajuste inicial y la posterior devaluación del peso.
El sector inmobiliario es uno de los terrenos donde más se aprecia la diferencia entre ambos personajes: intervención frente a libre mercado. Sánchez y su particular corte de los milagros creen que el alquiler se arregla con topes, prórrogas y zonas tensionadas, y llevan tres años probándolo. Según Idealista, el alquiler marca máximos, con subidas anuales del 4,2% en junio y del 5,6% en septiembre. Desde la Ley de Vivienda, los precios son un 30,7% más caros y la oferta se ha reducido un 30%.
En Madrid, la oferta cayó un 8,6% en doce días de octubre desde que el Gobierno anunció nuevos decretos. Los estudios académicos matizan el cuadro: el límite catalán redujo el precio en las viviendas caras, pero lo subió en las baratas.
Milei hizo lo contrario: derogó la Ley de Alquileres con el DNU 70/2023 y no puso nada en su lugar. El precio de oferta de un piso con salón-comedor y un dormitorio independiente, más baño y cocina en la ciudad de Buenos Aires cayó un 32,9% real. La oferta de departamentos en el área metropolitana subió un 326%.
Conviene no mezclar ámbitos geográficos, periodos y clases de vivienda, ni confundir precios nominales con precios descontada la inflación. Tampoco basta una coincidencia temporal para atribuir todo el resultado a una sola norma.
Pero el contraste merece atención: intervenir el precio no garantiza que aparezcan viviendas. Y liberar un mercado no implica necesariamente que sus precios suban.
La receta de Milei: el envite directo
Cuando Milei llegó a la presidencia de Argentina, él y su equipo no propusieron ir poco a poco para reconducir la dramática situación económica del país. Devaluaron, recortaron gasto, congelaron partidas presupuestarias y liberalizaron mercados, y parece que la receta funciona.
La inflación mensual pasó del 25,5% de diciembre de 2023 al 1,9% de septiembre de 2026. La interanual descendió del 211,4% al 33,4%, después de alcanzar un máximo del 289,4% en abril de 2024.
Inflación en Argentina:
mensual e interanual
(diciembre 2023 - septiembre 2026)
La inflación mensual bajó del 25,5% en diciembre de 2023 al 1,9% en septiembre de 2026, y la interanual, del 211,4% al 33,4%, tras un máximo del 289,4% en abril de 2024.
Bajar la inflación no significa recuperar automáticamente el poder adquisitivo perdido. Significa que los precios dejan de subir a la velocidad anterior. Para una sociedad acostumbrada a vivir pendiente de la siguiente remarcación, no es un detalle menor.
Hubo superávit primario y financiero en 2024 y en 2025, y la balanza comercial acumuló 43.900 millones de dólares de superávit. En abril de 2025 se levantó el cepo —mecanismo que limitaba las compras de dólares— para las personas, aunque el propio Milei sigue prometiendo eliminar el que queda.
El BCRA se ha recompuesto. Desde enero de 2026 compró 15.551 millones de dólares netos, más de un 50% por encima de la meta anual pactada con el FMI, y las reservas brutas rozan los 50.000 millones.
La financiación ofrece otras señales de normalización. El 14 de octubre el Tesoro renovó el 136% de los vencimientos, con plazos hasta 2029. Argentina volvió además al mercado en moneda extranjera, por primera vez en ocho años, con un bono de 1.000 millones de dólares.
Los acreedores también han votado la acción de Milei. La agencia de calificación crediticia Fitch subió la nota de la deuda argentina de CCC+ a B- en mayo de 2026, S&P la igualó en junio y Moody’s la llevó a B3 en julio.
La gran asignatura pendiente son los dólares bajo el colchón. A partir de datos del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC), a mitad de 2026 los argentinos guardarían unos 221.066 millones de dólares en billetes, cajas de seguridad y cuentas sin declarar en el exterior, el 27,6% del PIB. Otros cálculos elevan la cifra a 268.824 millones.
Después de años de depreciación del peso, restricciones cambiarias y cambios de reglas, no basta con que un presidente anuncie que esta vez será diferente. La confianza no vuelve por decreto.
Milei puede reducir el déficit y la inflación. Convencer a los argentinos de que sus ahorros están seguros dentro del sistema exige algo más: estabilidad sostenida y tiempo.
A mitad de 2026 los argentinos guardaban unos 221.066 millones de dólares en billetes, cajas de seguridad y cuentas sin declarar en el exterior, el 27,6% del PIB.
Los perdedores de la apertura
Abrir la economía argentina también ha tenido perdedores. No todos los costes desaparecen porque el resultado agregado mejore. A modo de ejemplo, hay que destacar a FATE, la única fabricante nacional de neumáticos. La empresa cerró en febrero de 2026 y despidió a 920 trabajadores. La empresa no culpó a Milei: citó la carga impositiva, el coste de importar insumos, la infraestructura deficiente y la baja productividad. Entre 2023 y 2025, las importaciones de neumáticos subieron un 34,8% y su precio bajó un 38,3% en dólares.
En su momento, y salvando las diferencias, España pasó por un proceso parecido. La reconversión industrial de Felipe González, con la ley de 1984 y los decretos de siderurgia y astilleros, costó unos 83.000 empleos, y el paro llegó al 21,98% en 1985.
Aquella transición se amortiguó con jubilaciones anticipadas y fondos de empleo financiados por los contribuyentes. En Argentina, el margen presupuestario y la trayectoria monetaria eran otros.
La discusión seria no consiste en negar a quienes pierden, sino en decidir cómo facilitar su transición y cuánto tiempo debe pagar el resto para mantener actividades que no logran sostenerse.
Proteger indefinidamente una empresa no elimina su coste: lo traslada al consumidor, al contribuyente o a ambos.
¿Por qué odian a Milei?
La animadversión hacia Milei no es exclusiva de Pedro Sánchez ni tiene una sola explicación. Hay quienes rechazan sus formas, quienes discrepan de su programa y quienes han sufrido las consecuencias del ajuste.
Sin embargo, ese rechazo ya existía antes de que Milei llegara al poder. En noviembre de 2023, días antes de la segunda vuelta, más de un centenar de economistas de todo el mundo firmaron una carta abierta en la que advertían de que su victoria podía provocar «más devastación en el corto plazo» y «caos social», según publicó el periódico The Guardian. Es decir, el veredicto estaba dictado antes de que se aplicara una sola medida.
Para una parte de las estructuras políticas y sociales argentinas, el problema no es solo el ajuste. También es haber perdido el control de las cajas. Durante décadas, las múltiples plataformas ciudadanas y otras entidades del tercer sector han dependido de su acceso al dinero al dinero público: subsidios, cajas de gestión, plantillas infladas con ñoquis que cobraban sin pisar la oficina y otros curros por el estilo.
Los libertarios lo resumen con un nombre que escuece: «intermediarios de la pobreza». Con Milei, esos privilegios se recortaron y la calle pesa menos.
Es cierto que mucha gente se indignó cuando subieron las tarifas de los servicios básicos al retirarse los subsidios. Pero esos subsidios los pagaban todos los ciudadanos, usaran o no el servicio, y el objetivo es sanear las cuentas: no se gasta lo que no se ingresa.
El caso de Aerolíneas Argentinas lo demuestra. Tras la amenaza de privatizarla o simplemente cerrarla, la compañía cerró 2025 sin recibir un solo dólar del Estado, por primera vez desde su reestatización en 2008, y obtuvo un superávit operativo de 120,7 millones de dólares. Es su segundo año seguido en positivo.
Resultado operativo (EBIT)
de Aerolíneas Argentinas
(2008-2025)
Aerolíneas Argentinas encadenó 16 años de pérdidas operativas desde su reestatización, con un mínimo de -643,9 millones de dólares en 2011. En 2024 registró un resultado positivo de 56,6 millones y en 2025 de 120,7 millones.
El EBIT (Earnings Before Interest and Taxes) es el beneficio de una empresa antes de intereses e impuestos.
El resultado operativo no equivale al beneficio neto ni demuestra por sí solo la rentabilidad definitiva de la compañía. Tampoco permite atribuir toda la mejora a la amenaza de privatización. Pero sí permite discutir con cifras si una empresa pública necesita recibir dinero del Estado de forma permanente.
Los empresarios acostumbrados a vivir protegidos (Milei los llama despectivamente «empresaurios») lo odian por la razón contraria: se acabó el refugio. Cuando el Gobierno reduce aranceles, algunos protestan pidiendo «igualdad de condiciones», que es la forma educada de pedir que el consumidor siga pagando más caro.
De lo que no cabe duda es que quien vive de que el Estado le garantice el mercado no perdona que lo deje a la intemperie.
Tras la amenaza de cierre o privatización, Aerolíneas Argentinas no ha necesitado dinero público por primera vez desde 2008.
Lo que está en discusión
El conflicto de fondo no es si Milei grita demasiado. Es qué ocurre cuando un Gobierno intenta reducir de golpe el espacio económico del Estado.
Milei rompió un sistema donde el Estado repartía protección y dinero a cambio de lealtad: a los intermediarios sociales, en forma de cajas y subsidios, y a los empresarios, en forma de barreras. Unos y otros perdieron prebendas, y se entiende que no lo celebren.
Argentina no partía de una economía ordenada a la que un extravagante decidió meter una motosierra. Sea como sea, lo que no admite discusión es que el sistema anterior generó una inflación del 211,4%, graves desequilibrios, un banco central en negativo y una sociedad que había aprendido a proteger sus ahorros de su propia moneda.
Mientras tanto, en Madrid, hay quien sigue sin soportar que otro se atreva a decir con estridencia que dos más dos son cuatro.
Nunca es tarde para cambiar de opinión.
Santi Sanz

Buena falta nos hace un Milei en España, gran articulo, muchas gracias y un saludo.