Más allá de Keynes
La nueva síntesis macroeconómica
John Richard Hicks, Paul Anthony Samuelson, Nicholas Gregory Mankiw y Robert E. Lucas Jr.
Recreación con IA a partir de diferentes fotografías
El debate de la macroeconomía de la segunda mitad del siglo XX y principios del XXI ha sido un campo de batalla intelectual vibrante. Lejos de ser un discurso monolítico, la economía contemporánea se ha forjado mediante diálogos, críticas y síntesis entre diferentes corrientes. Tres de las más influyentes han sido la Escuela Neokeynesiana, la Nueva Macroeconomía Clásica y la Nueva Economía Keynesiana.
Comprender esta evolución es esencial para entender la síntesis económica que domina el panorama actual. Todo comenzó con la revolución de John Maynard Keynes en 1936, quien rompió con los dogmas de la economía clásica. Keynes argumentó que las economías de mercado no tienden automáticamente hacia el pleno empleo. Sostenía que la demanda agregada es el motor principal de la actividad, justificando la intervención del Estado mediante la política fiscal para evitar una recesión profunda.
La síntesis neokeynesiana y el modelo IS-LM
Tras la Segunda Guerra Mundial, el keynesianismo se convirtió en el paradigma dominante. Sin embargo, un grupo de economistas, conocidos como neokeynesianos, se propuso tender un puente entre las ideas revolucionarias de Keynes y la tradición neoclásica que le precedía. Figuras como John Hicks, Paul Samuelson y Franco Modigliani lideraron este esfuerzo, creando lo que se conocería como la síntesis neoclásica-keynesiana o, más comúnmente, la Escuela Neokeynesiana.
El logro más emblemático de esta escuela fue el modelo IS-LM, desarrollado por John Hicks. Este modelo tradujo las ideas de Keynes a un marco gráfico y algebraico que era compatible con el análisis neoclásico. La curva IS representaba el equilibrio en el mercado de bienes, mientras que la curva LM representaba el equilibrio en el mercado de dinero. Su intersección determinaba el nivel de renta y el tipo de interés de la economía.
«La síntesis neokeynesiana fusionó la macroeconomía de Keynes con la microeconomía neoclásica».
Los neokeynesianos aceptaban la conclusión de Keynes de que la economía podía estancarse en un equilibrio con desempleo debido a la rigidez de los salarios y precios. Sin embargo, veían este fenómeno como un caso especial, una falla del mercado a corto plazo. A largo plazo, sostenían que los mecanismos de precios flexibles, como postula la teoría neoclásica, eventualmente llevarían a la economía de vuelta al pleno empleo.
Esta síntesis dominó la macroeconomía durante décadas, proporcionando el marco teórico para las políticas de gestión de la demanda que caracterizaron la Edad de oro del capitalismo de posguerra. La idea era simple: en tiempos de recesión, el gobierno debía usar la política fiscal (aumento del gasto público o reducción de impuestos) y la política monetaria (reducción de los tipos de interés) para estimular la demanda agregada y reducir el desempleo.
La crisis del Keynesianismo y el ascenso de la Nueva Macroeconomía Clásica
La hegemonía neokeynesiana se vio abruptamente interrumpida en la década de 1970. La aparición de la estanflación —la coexistencia de un alto desempleo y una alta inflación— supuso un desafío que los modelos existentes no podían explicar. La curva de Phillips, que postulaba una relación inversa estable entre inflación y desempleo, se rompió, dejando a los responsables políticos sin una guía clara.
Este vacío teórico fue aprovechado por una nueva corriente de pensamiento radicalmente opuesta: la Nueva Macroeconomía Clásica. Liderada por economistas como Robert Lucas, Thomas Sargent y Neil Wallace, esta escuela lanzó un ataque frontal contra los cimientos del keynesianismo. Su crítica se basaba en un pilar fundamental: la teoría de las expectativas racionales.
Según esta hipótesis, los agentes económicos (individuos y empresas) utilizan toda la información disponible para formar sus expectativas sobre el futuro, sin cometer errores sistemáticos. Esto implicaba que las personas anticiparían los efectos de las políticas gubernamentales y ajustarían su comportamiento en consecuencia. Por ejemplo, si el banco central anunciaba una política monetaria expansiva para reducir el desempleo, los trabajadores y las empresas anticiparían una mayor inflación y negociarían salarios más altos, neutralizando cualquier efecto sobre el empleo real.
«Las expectativas racionales minaron la creencia en la eficacia de las políticas de demanda».
La implicación de esta idea, conocida como la proposición de ineficacia de la política, era demoledora: cualquier política de demanda sistemática y predecible sería ineficaz para afectar a variables reales como la producción o el empleo. Solo las sorpresas o las políticas no anticipadas podrían tener algún efecto a corto plazo. Para los nuevos clásicos, la mejor política que el gobierno podía seguir era ninguna, limitándose a reglas estables y predecibles.
Además, esta escuela insistía en la necesidad de dotar a la macroeconomía de microfundamentos rigurosos. Sostenían que cualquier modelo macroeconómico debía derivarse explícitamente del comportamiento optimizador de los agentes individuales, en contraste con los modelos neokeynesianos, que se basaban en relaciones agregadas a menudo postuladas de forma ad hoc.
La respuesta: la Nueva Economía Keynesiana
El desafío de la Nueva Macroeconomía Clásica obligó a los economistas de tradición keynesiana a repensar sus fundamentos. De este esfuerzo surgió, a partir de la década de 1980, la Nueva Economía Keynesiana. Economistas como Gregory Mankiw, David Romer, Joseph Stiglitz y Olivier Blanchard aceptaron dos de las principales críticas de los nuevos clásicos: la importancia de las expectativas racionales y la necesidad de microfundamentos sólidos.
Sin embargo, los nuevos keynesianos llegaron a conclusiones muy diferentes. Su objetivo era explicar por qué, incluso en un mundo con agentes racionales, la economía podía desviarse del pleno empleo durante períodos prolongados. La respuesta la encontraron en las imperfecciones y rigideces del mercado que la teoría neoclásica tendía a ignorar.
Se centraron en proporcionar explicaciones microeconómicas para la rigidez (pegajosidad) de precios y salarios (sticky prices and wages). Por ejemplo, los costes de menú (el coste literal de cambiar los precios) podían hacer que, para una empresa, fuera racional no ajustar sus precios inmediatamente ante un cambio en la demanda, incluso si ese pequeño retraso contribuía a una gran recesión a nivel macroeconómico.
«Los nuevos keynesianos buscaron microfundamentos para las rigideces de precios y salarios».
Otras teorías exploraron los salarios de eficiencia (las empresas pueden pagar salarios por encima del nivel de equilibrio para motivar a sus trabajadores y reducir la rotación). En este ámbito destacó especialmente Joseph Stiglitz, quien demostró cómo los problemas de información asimétrica en los mercados financieros pueden provocar racionamiento del crédito. Según Stiglitz, dado que los bancos no tienen información perfecta sobre el riesgo de los prestatarios, pueden negar crédito a proyectos viables incluso si estos ofrecen pagar intereses más altos, agravando así las recesiones económicas.
A diferencia de la síntesis neokeynesiana, que simplemente postulaba la rigidez de los precios, los nuevos keynesianos se esforzaron por demostrar que estas rigideces podían ser el resultado del comportamiento optimizador de los propios agentes en un entorno de mercado imperfecto. Al hacerlo, mostraron que las fallas de mercado eran cruciales y que, por tanto, la intervención gubernamental a través de políticas de estabilización no solo era posible, sino deseable para mejorar la eficiencia económica.
La Nueva Síntesis Neoclásica: el consenso actual
El debate entre la Nueva Macroeconomía Clásica y la Nueva Economía Keynesiana ha conducido en las últimas décadas a la formación de un nuevo consenso, a menudo denominado la Nueva Síntesis Neoclásica o Nuevo Consenso Macroeconómico. Este marco integra elementos de ambas tradiciones y es la base de los modelos DSGE (Dynamic Stochastic General Equilibrium) que utilizan hoy en día la mayoría de los bancos centrales y organismos internacionales.
De la Nueva Macroeconomía Clásica, esta síntesis toma el rigor metodológico: el uso de modelos de equilibrio general dinámico con microfundamentos y la hipótesis de expectativas racionales. Acepta que la economía tiene una tendencia a largo plazo hacia el equilibrio y que las políticas deben ser analizadas teniendo en cuenta cómo los agentes reaccionan a ellas.
De la Nueva Economía Keynesiana, incorpora la idea de que las rigideces nominales (precios y salarios rígidos) y otras fricciones del mercado son fundamentales para explicar las fluctuaciones económicas a corto plazo. Estas rigideces implican que la demanda agregada importa y que la política monetaria puede y debe ser utilizada para estabilizar la economía.
En este nuevo consenso, la política fiscal queda relegada a un segundo plano, considerándose menos ágil y más susceptible a presiones políticas. El protagonismo recae en la política monetaria, ejercida por un banco central independiente que ajusta los tipos de interés siguiendo una regla clara y predecible (como la regla de Taylor) para mantener la inflación baja y estable, y suavizar el ciclo económico.
Sin embargo, la crisis financiera de 2008 abrió profundas grietas en este consenso. Ante el colapso, economistas como Paul Krugman rescataron el concepto keynesiano de la trampa de la liquidez: una situación donde la política monetaria convencional se vuelve impotente porque los tipos de interés ya están en el «límite inferior cero» (zero lower bound).
Krugman argumentó enérgicamente que, bajo estas condiciones excepcionales, el Nuevo Consenso fallaba y era imprescindible recuperar el protagonismo de la política fiscal agresiva para estimular la demanda, criticando duramente las políticas de austeridad implementadas en Europa.
Críticas desde la heterodoxia: cuestionando los cimientos comunes
A pesar de sus feroces disputas, las escuelas Neokeynesiana, Nueva Clásica y Nueva Keynesiana comparten un ADN común: todas operan bajo la lógica del equilibrio y utilizan herramientas matemáticas sofisticadas que, según diversas corrientes heterodoxas, simplifican excesivamente la realidad. Fuera de este consenso principal (mainstream), existen críticas profundas que cuestionan los axiomas mismos sobre los que se ha construido la síntesis actual.
La Escuela Austríaca, con figuras como Friedrich Hayek, ha criticado históricamente el uso de la macroeconomía agregada y la modelización matemática. Argumentan que la economía es un proceso dinámico de descubrimiento y no un sistema de equilibrio estático. Para los austriacos, los intentos de gestionar la demanda agregada (ya sea fiscal o monetaria) distorsionan la estructura de capital y los precios relativos, sembrando las semillas de futuras crisis en lugar de evitarlas.
Desde una perspectiva metodológica, economistas como Steve Keen y los postkeynesianos han lanzado duros ataques contra los modelos DSGE que sustentan el consenso actual. Critican que estos modelos asuman que el sector financiero es neutral y que ignoren el papel desestabilizador de la deuda privada.
Keen sostiene que la obsesión por el equilibrio impide ver que las economías de mercado son inherentemente inestables y propensas a crisis financieras endógenas, algo que los modelos neoclásicos no pueden predecir por diseño.
Conclusión
El viaje desde la síntesis neokeynesiana hasta la nueva síntesis neoclásica refleja la evolución del pensamiento macroeconómico en respuesta a los desafíos teóricos y empíricos. La ortodoxia de posguerra, que confiaba plenamente en la gestión de la demanda, fue demolida por la crítica de la Nueva Macroeconomía Clásica, que introdujo el rigor de las expectativas racionales y los microfundamentos.
La Nueva Economía Keynesiana aceptó este desafío metodológico, pero lo utilizó para reafirmar la importancia de las imperfecciones del mercado y justificar un papel para las políticas de estabilización. El resultado es un consenso que combina la visión a corto plazo de Keynes (donde las rigideces importan) con la visión a largo plazo de los clásicos (donde los fundamentos del mercado prevalecen).
Finalmente, el debate contemporáneo se ha ampliado más allá de la gestión de los ciclos económicos. Autores como el francés Thomas Piketty han criticado que la síntesis macroeconómica actual ignora cuestiones estructurales profundas, como la creciente desigualdad.
Para finalizar, con su famosa desigualdad r > g, Piketty alerta de que el capital se acumula más rápido de lo que crecen los salarios y la producción. Esto revela un punto ciego en la economía actual: sus modelos matemáticos no están diseñados para detectar la concentración extrema de riqueza.
Ahora, el desafío sería abandonar esos modelos simplistas e integrar el reparto del dinero como una pieza central del análisis económico.
Ficha resumen
| Característica | Descripción |
|---|---|
| Contexto | Evolución del debate macroeconómico desde la posguerra, partiendo de la Síntesis Neokeynesiana hasta el consenso actual. |
| Escuelas clave | 1. Síntesis Neokeynesiana. Fusión de Keynes con la microeconomía neoclásica (modelo IS-LM). 2. Nueva Clásica (Nueva Macroeconomía Clásica) . Crítica basada en expectativas racionales. 3. Nueva Keynesiana . Acepta la crítica pero justifica rigideces con microfundamentos. |
| Principales exponentes | · Neokeynesianos: John Hicks y Paul Samuelson.
· Nuevos Clásicos (Nueva Macroeconomía Clásica): Robert E. Lucas Jr y Thomas Sargent. · Nuevos Keynesianos: Gregory Mankiw, Paul Krugman, Joseph Stiglitz y Olivier Blanchard. |
| Ideas centrales | El consenso actual (Nueva Síntesis Neoclásica o Nuevo Consenso Macroeconómico) integra expectativas racionales y microfundamentos con la existencia de rigideces nominales (precios y salarios) para explicar los ciclos económicos. |
| Políticas propuestas | · Énfasis en la política monetaria, gestionada por un banco central independiente para controlar la inflación y estabilizar la producción.
· La política fiscal tiene un rol secundario para la estabilización a corto plazo, excepto en situaciones de trampa de la liquidez. |
| Marco de análisis | Uso de modelos de Equilibrio General Dinámico Estocástico (DSGE) , que combinan la metodología de los nuevos clásicos con las fricciones de mercado (como la información asimétrica de Stiglitz de los nuevos keynesianos). |
| Estado actual | · Aunque sigue siendo el marco dominante, la crisis de 2008 ha generado críticas y un interés renovado en las fricciones financieras.
· La economía del comportamiento. · La desigualdad de Piketty (r > g), abriendo el debate a nuevos enfoques. |