Escuela Estructuralista
y del Desarrollo

Enfoque en el subdesarrollo

Celso Monteiro Furtado y Raúl Federico Prébisch Linares

Recreación con IA a partir de diferentes fotografías de la época

La Escuela Estructuralista y del Desarrollo, junto con las teorías del desarrollo, representa una de las corrientes de pensamiento económico más originales y contextuales del siglo XX. Nacida principalmente en América Latina a mediados de siglo, su análisis se aleja de las abstracciones universales de las escuelas neoclásica y keynesiana para centrarse en un problema concreto y apremiante: las causas y la persistencia del subdesarrollo. Su enfoque no ve el subdesarrollo como una simple etapa previa al desarrollo, sino como una condición estructuralmente distinta, mantenida por la propia dinámica de la economía mundial.

Este cuerpo de pensamiento surgió en gran medida del trabajo de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), un organismo de las Naciones Unidas. Fue una respuesta directa a la incapacidad de las teorías ortodoxas, forjadas en los países industrializados, para explicar la realidad de las naciones periféricas. El estructuralismo argumenta que las economías de estos países tienen características y «cuellos de botella» particulares que impiden su convergencia con las naciones ricas.

«El subdesarrollo no es una falta de desarrollo, sino una parte integral de la estructura económica global.»

Figuras como el argentino Raúl Prebisch y el brasileño Celso Furtado se erigieron como los pioneros de esta escuela, desafiando dogmas como la teoría de las ventajas comparativas y abogando por un papel activo del Estado en la promoción de un cambio estructural profundo. Su legado es un análisis crítico de las relaciones económicas internacionales y un llamado a la industrialización como única vía para escapar de la trampa de la dependencia.

El modelo centro-periferia: una relación desigual

El pilar fundamental del pensamiento estructuralista es el modelo centro-periferia. Esta concepción divide la economía mundial en dos polos interconectados pero jerárquicos: un «centro» industrializado y tecnológicamente avanzado, y una «periferia» especializada en la producción y exportación de materias primas y productos agrícolas.

Raúl Prebisch, junto con Hans Singer, desarrolló la influyente tesis del deterioro de los términos de intercambio. Esta idea postula que, a largo plazo, existe una tendencia sistemática a que el precio de las exportaciones de la periferia (bienes primarios) caiga en relación con el precio de sus importaciones (bienes manufacturados del centro). En otras palabras, con el tiempo, un país periférico necesita exportar cada vez más toneladas de café o cobre para poder importar el mismo tractor o la misma máquina.

Este fenómeno se explica por varias razones estructurales. La demanda de materias primas tiende a crecer más lentamente que la demanda de bienes industriales (tiene una baja elasticidad-ingreso). Además, los mercados de materias primas se asemejan a la competencia perfecta, mientras que los mercados de bienes manufacturados suelen ser oligopólicos. Esto significa que cuando hay aumentos de productividad en el centro, estos se traducen en salarios y beneficios más altos, no en precios más bajos. Por el contrario, en la periferia, la competencia y la abundancia de mano de obra hacen que las ganancias de productividad se traduzcan en precios de exportación más bajos.

«El comercio internacional, lejos de ser un motor de convergencia, puede convertirse en un mecanismo de transferencia de riqueza desde la periferia hacia el centro».

Esta dinámica crea una trampa estructural. La periferia se encuentra atrapada especializándose en productos cuyo valor relativo tiende a disminuir, lo que limita su capacidad de acumular capital, invertir en tecnología y mejorar el nivel de vida de su población.

La heterogeneidad estructural interna

El segundo gran diagnóstico del estructuralismo, asociado a Celso Furtado y Aníbal Pinto, es el concepto de heterogeneidad estructural. Este se refiere a la coexistencia, dentro de las propias economías periféricas, de sectores con niveles de productividad y desarrollo muy dispares. Típicamente, conviven un sector «moderno» y un sector «tradicional».

El sector moderno suele estar ligado a la exportación de materias primas o a enclaves industriales tecnificados. Es intensivo en capital y tiene una alta productividad. Sin embargo, emplea a una pequeña fracción de la fuerza laboral. Junto a él, sobrevive un enorme sector tradicional o de subsistencia, caracterizado por la agricultura de baja productividad, el artesanado y una vasta economía informal urbana. Este sector funciona como un reservorio de mano de obra barata y abundante.

Esta dualidad tiene consecuencias devastadoras:

  • Concentración del ingreso. La riqueza y el progreso técnico se concentran en el polo moderno, generando una profunda desigualdad social.

  • Debilidad del mercado interno. La mayoría de la población, atrapada en el sector de baja productividad, tiene un poder adquisitivo muy limitado, lo que impide el desarrollo de un mercado de consumo masivo que pueda sostener la industrialización.

  • Subempleo estructural. El sector moderno no es capaz de absorber el excedente de mano de obra del sector tradicional, generando un desempleo crónico y disfrazado.

Para los estructuralistas, esta heterogeneidad es la manifestación interna de la dependencia externa. El subdesarrollo no es la ausencia de capitalismo, sino la presencia de un capitalismo deformado y desarticulado.

La estrategia de desarrollo: Industrialización por Sustitución de Importaciones (ISI)

Frente a este diagnóstico, la receta estructuralista fue clara y contundente: el cambio estructural deliberado, liderado por el Estado. Si la especialización en materias primas era la causa del problema, la solución debía ser la industrialización.

La escuela lanzó un ataque frontal contra la teoría clásica de la ventaja comparativa, que recomendaba a los países especializarse en aquello que podían producir de forma relativamente más eficiente. Para los estructuralistas, seguir este consejo era una sentencia a perpetuar el subdesarrollo. Argumentaban que era necesario crear «artificialmente» nuevas ventajas comparativas en el sector industrial.

La estrategia propuesta fue el modelo ISI (Industrialización por Sustitución de Importaciones). El objetivo era producir internamente los bienes manufacturados que antes se importaban desde el centro. Este proceso se articuló a través de un conjunto de políticas intervencionistas:

  • Proteccionismo. Se establecieron altos aranceles y cuotas a la importación de bienes de consumo para proteger a las «industrias nacientes» de la competencia internacional.

  • Inversión pública. El Estado asumió un papel protagonista, creando empresas públicas en sectores estratégicos considerados clave para el desarrollo industrial, como la siderurgia, la petroquímica y la energía.

  • Crédito subsidiado y tipos de cambio múltiples. Se canalizó el crédito barato hacia las nuevas industrias y se manipularon los tipos de cambio para favorecer la importación de la maquinaria y los insumos necesarios para la industrialización.

Este modelo se aplicó con distintos grados de intensidad en la mayoría de los países de América Latina desde los años 50 hasta los 80, y logró, en una primera fase, tasas de crecimiento económico muy elevadas y una significativa transformación productiva.

La inflación estructural

El estructuralismo también ofreció una teoría alternativa sobre la inflación, un problema crónico en la región. En contraste con la visión monetarista, que la atribuye exclusivamente a una expansión monetaria excesiva, los estructuralistas sostenían que la inflación en América Latina tenía raíces estructurales profundas.

Identificaron una serie de «cuellos de botella» o rigideces en la estructura productiva que generaban presiones inflacionarias:

  • El cuello de botella agrícola. Una oferta de alimentos rígida e inelástica, proveniente de un sector agrario tradicional y poco productivo, no podía responder al aumento de la demanda de una población urbana en crecimiento, provocando un alza en los precios de los alimentos.

  • El cuello de botella externo. El deterioro de los términos de intercambio limitaba la capacidad de obtener las divisas necesarias para importar bienes de capital, lo que generaba escasez y presiones devaluatorias.

  • El cuello de botella fiscal. La estructura tributaria era débil, pero las demandas sociales y de inversión sobre el Estado eran enormes, lo que llevaba a déficits fiscales crónicos financiados con emisión monetaria.

Desde esta perspectiva, combatir la inflación únicamente con políticas monetarias restrictivas era contraproducente, ya que solo generaría recesión sin resolver las causas fundamentales del problema. La solución requería reformas estructurales para flexibilizar la oferta.

La evolución hacia la Teoría de la dependencia

A partir de los años 60, el estructuralismo dio paso a una corriente más radical: la Teoría de la dependencia. Pensadores como Theotonio dos Santos y Andre Gunder Frank llevaron el análisis un paso más allá. Si el estructuralismo veía el subdesarrollo como un resultado disfuncional del sistema, la dependencia lo consideraba un resultado funcional y necesario para el desarrollo del centro.

Para los dependentistas, el capitalismo global es un sistema único en el que el desarrollo del centro y el subdesarrollo de la periferia son dos caras de la misma moneda.

El subdesarrollo no es una condición precapitalista, sino el modo específico de inserción de la periferia en el capitalismo mundial. Esta corriente puso un mayor énfasis en el papel de las corporaciones multinacionales, la inversión extranjera directa y las élites locales («burguesía compradora») como agentes que perpetúan activamente la relación de dependencia.

Crisis del modelo y el legado neoestructuralista

El modelo ISI, a pesar de sus éxitos iniciales, entró en crisis en los años 70 y 80. Las industrias protegidas a menudo se volvieron ineficientes y poco competitivas. El modelo generó un fuerte endeudamiento externo, que culminó en la «década perdida de los 80» con la crisis de la deuda. Además, la desigualdad social, aunque se transformó, no se resolvió.

La crisis del ISI coincidió con el auge del denominado neoliberalismo a nivel mundial. El Consenso de Washington promovió en América Latina un conjunto de políticas opuestas al estructuralismo: privatización, desregulación, apertura comercial y disciplina fiscal. Este giro representó, en muchos aspectos, una vuelta a la ortodoxia que el estructuralismo había combatido.

Sin embargo, las ideas estructuralistas no murieron. A partir de los años 90, resurgieron bajo una nueva forma conocida como neoestructuralismo. Esta corriente, más pragmática, reconoce la importancia de la estabilidad macroeconómica y de la competitividad internacional, pero sin abandonar la preocupación por la equidad y la necesidad de una intervención estatal inteligente. El neoestructuralismo aboga por una «transformación productiva con equidad», promoviendo la innovación tecnológica y una inserción más estratégica en la economía global.

En definitiva, la Escuela Estructuralista y del Desarrollo ofreció el primer gran marco teórico para pensar la economía desde la perspectiva del sur global. Su diagnóstico sobre las asimetrías del comercio mundial y las rigideces internas de las economías en desarrollo sigue siendo de una vigencia sorprendente. Aunque sus recetas políticas han sido revisadas, su insistencia en que el desarrollo requiere un cambio estructural profundo y un Estado activo sigue inspirando los debates sobre cómo construir un crecimiento más inclusivo y sostenible.

  • (1) América Latina: Incluye a Cuba y República Dominicana, ya que son naciones americanas de habla romance (español), junto con otros como Haití (francés) o Brasil (portugués); el Caribe hispano es un componente clave de esta región.
  • Iberoamérica: Abarca a estos países por su herencia ibérica y habla española (o portuguesa en casos como Brasil), excluyendo a los de habla francesa como Haití.
  • Hispanoamérica. Conjunto de países de América donde el español es la lengua oficial.

Ficha resumen

Característica Escuela Estructuralista y del Desarrollo
Origen Iberoamérica, a mediados del siglo XX, impulsada por la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL).
Período de desarrollo Apogeo entre los años 50 y 80.
Evoluciona hacia el Neoestructuralismo a partir de los 90.
Principales exponentes Raúl Prebisch, Celso Furtado, Hans Singer y Aníbal Pinto.
Ideas centrales El subdesarrollo es una condición estructural mantenida por el modelo centro- periferia y el deterioro de los términos de intercambio.
Políticas propuestas Creación de empresas públicas.
Fuerte intervención estatal.
Industrialización por Sustitución de Importaciones (ISI).
Proteccionismo arancelario.
Crítica e influencia Cuestionada por ineficiencia de la ISI y crisis de la deuda en los 80.
Dio origen a la Teoría de la dependencia y al Neoestructuralismo.
Conceptos clave Cuellos de botella.
Heterogeneidad estructural.
Industrias nacientes.
Inflación estructural.
Crítica a la ventaja comparativa.